martes, 19 de septiembre de 2017

¿MATAR A SÓCRATES?


Si los pedagogos han dejado hoy de creer en el valor del conocimiento, de la memoria, de la atención y si, para nuestros jóvenes, teclear es más importante que hablar, ¿para qué Sócrates si las relaciones cara a cara están siendo sustituidas por las relaciones digitalizadas y llamamos diálogo a lo que hacemos en Facebook o en Twitter?.

Sócrates, o sea el DIÁLOGO, solo puede ser nuestro aliado si estamos dispuestos a defender el HUMANISMO. Lo que nos hace cultos no es la cantidad de conocimientos que poseemos sino la capacidad para entender las grandes voces que están hablando a nuestro alrededor. Sólo participando en “la gran conversación” podemos acceder a la gran república del saber. Stuart Mill en su libro “Sobre la libertad” afirma que “son las voces que disienten de las nuestras las que nos hacen pensar y poner en cuestión nuestras certezas”. Siempre mediante su confrontación con el pasado, con la historia. Porque “somos como enanos sentados sobre los hombros de gigantes.“ Si podemos ver más cosas que ellos, no es gracias a la agudeza de nuestra vista sino gracias a la altura de nuestros porteadores. Stephen Hawking en su libro “A hombros de gigantes” afirma que Einsten se apoya sobre Newton y éste sobre Kepler y éste sobre Galileo y èste sobre Copérnico….”

Pero Sócrates no está sólo en la base de esas aportaciones científicas. Sus problemas siguen siendo nuestros problemas. Pero ahora cada vez nos preocupan menos las ideas verdaderas y más las ideas modernas. Por eso estamos entrando en la edad del SENTIMIENTO. Esto se manifiesta hoy en la INDIGNACIÓN como forma pública de la moralidad que encuentra preferible la naúsea al apetito (destruir a crear, diría yo). Como decía Aldous Huxley “revolcarse en el fango no es la mejor manera de limpiarse, pero permite gesticular de forma más aparatosa”

Tambien estamos entrando en la época del individualismo: exigimos que se respeten nuestras ideas porque son mías, no por su valor intrínseco.

Y en tercer lugar, hoy sustituimos la idea del hombre aristotélico- político que encuentra su ideal en la virtud de la prudencia por el autocontrol, por el hombre terapeútico, que necesita encontrarse bien para considerarse moral, por lo que rechaza los impedimentos que le pone la moral para el desarrollo de su narcisismo. En vez de autocontrol, incontinencia emotiva. Para el hombre político, a los derechos cívicos corresponden los deberes cívicos. Para el hombre terapeútico los derechos son lo que los demás le han escatimado.

Señaló Cicerón que Sócrates fue el primero en bajar la filosofía del cielo a la tierra, pero hoy quizá estemos demasiado a ras de suelo. Y para elevarnos necesitamos dialogar con los demás y reflexionar sobre nosotros mismos. Aunque este dominio de sí que tenía Sócrates hoy es fácil conseguir con paliativos farmaceúticos, es recomendable leer a SÓCRATES en los Diálogos platónicos pero no puestos de rodillas sino atreverse incluso a votar contra él.

(De “¿Matar a Sócrates?”. Gregorio Luri. Ariel Filosofía)

2 comentarios:

José Orts dijo...

Bien traido ese texto Margarita. es la pura realidad de esta sociedad. La pregunta sería : podemos encontar un Socrates con pantalones vaqueros? Gracias por escribir

margarita fuster dijo...

Lo de la vestimenta es lo de menos. Llevando pantalones vaqueros hablamos de estas cosas nosotros. Si te refieres a los jóvenes les veo un futuro sino malo sí distinto al nuestro. La sociedad se va haciendo insolidaria, porque lo único que se persigue ahora es la eficiencia. La educación se ha convertido en instrumento de promoción individual, no de formación humana. Las consecuencias ya no las veremos nosotros.