domingo, 22 de abril de 2007

DIA DEL LIBRO

Miguel Hernández Gilabert, poeta del pueblo, luchador, defendió "a dentelladas" su derecho (y el de los otros) a cumplir sus ansias por ampliar horizontes y desarrollar sus dotes naturales más allá de su oficio de cabrero. "Soñador, como tantos, quiero ir a Madrid. Abandonaré las cabras-¡oh, esas esquilas en la tarde!-y con el escaso cobre que puedan darme tomaré el tren para la corte...", escribía a Juan Ramón Jiménez en 1931." ...inculto, tosco, sé que escribiendo poesía profano el divino arte.No tengo culpa de llevar en mi alma una chispa de la hoguera que arde en la suya..."
Defiende sus derechos (los de todos) y no ceja hasta hasta llegar a compartir con los grandes poetas del momento (con Neruda, con Alexandre, con Federico Garcia Lorca, pese a la leyenda de su incompatiblidad) su impulso creador, su amistad y sus preocupaciones sociales (la poesía "impura" a la que llega tras atravesar su época de formación clásica).
"Perito en lunas" señala esa frontera entre la poesia clásica, el "gongorismo", la poesia religiosa por su amistad con Ramón Sijé, y la poesia impura. "El Silbo vulnerado", "El rayo que no cesa", "Viento del pueblo", "El hombre acecha", "Cancionero y Romancero d ausencias", señalan el camino de su evolución, de su vida, de su amor por Josefina Manresa, la guerra, la cárcel y la muerte.
¡Pobre poeta, muerto antes de cumplir los 32 años, después de una vida de lucha "... a dentelladas frías y calientes"! Y termina en sus últimos poemas ("Eterna sombra"):
" Yo que creí que la luz era mía
precipitado en la sombra me veo.
...Sólo la sombra. Sin astro. Sin cielo.
Seres. Volúmenes. Cuerpos tangibles
dentro del aire que no tiene vuelo,
dentro del árbol de los imposibles"
.... Pero hay un rayo de sol en la lucha
que siempre deja la sombra vencida".

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