Cuentan, allá por el sigloVI a. C. que Heráclito decía: “el ciudadano debe luchar por sus leyes al igual que el aristócrata lucha por sus murallas”, porque la ley era la única defensa del ciudadano contra los aristócratas (los poderosos y sus mitos de dioses y héroes), pero que igualmente podría ser una defensa contra cualquier otro poder emergente.
Posteriormente, los griegos de la época clásica, enseñaban a los niños no sólo a ser fuertes por la gimnasia y sensibles por la musica, sino también a “no salirse de la línea” al escribir. El cuidado para no salirse de la linea era simbólico, el mismo cuidado que habían de tener para respetar la ley, no salirse de la norma (nomos). Porque las leyes que les regían las habían conseguido después de grandes luchas contra los poderosos y significaban su protección contra ellos.
Hoy los ciudadanos son, teóricamente, ciudadanos mejor formados que en el pasado, debido al desarrollo del Estado de bienestar, por el que han ido adquiriendo un grado de autonomía moral anteriormente inexistente, basada fundamentalmente en el respeto de los derechos humanos (nos estamos refiriendo a nuestro mundo occidental, del que tendríamos opiniones muy dispares)
Sin embargo, recientemente, existe una gran preocupación en la sociedad por la aparición de diversas formas de violencia entre los jóvenes (¿?), que van deteriorando la convivencia. No hay más que leer las páginas de los diarios, donde los padres piden protección a los gobiernos.
Nosotros sostenemos desde SÓCRATES que “EDUCAR BIEN ES EDUCAR EN VALORES
Pero, ¿A QUIEN CORRESPONDE ESTA EDUCACIÓN? En primer lugar a los PADRES. He recordado otras veces a Victoria Camps, que en su libro “Qué hay que enseñar a los hijos” nos dice que las recetas en educación no sirven para nada. A los hijos hay que enseñárselo todo: desde saber cuidarse, entender el mudo y saber desenvolverse en él, hasta transgredirlo si hace falta. Se va aprendiendo sobre la marcha. La fórmula mágica seria, EDUCAR EN LA LIBERTAD, que no es dejar de enseñar cosas, sino poner las bases para que la persona pueda y sepa ser libre…
EN ESTA TAREA LOS PADRES SE ENCUENTRAN DESBORDADOS y necesitan la colaboración de la escuela. Los mismos Estados de la Unión europea se han hecho conscientes del problema y han instaurado la educación cívica como obligatoria en las escuelas.
¿Y que es la EDUCACION PARA LA CIUDADANÍA.?’’ Ni más ni menos que la educación en VALORES, basados en los DERECHOS HUMANOS, por la que hemos clamado desde los Centros Escolares todos los que dedicamos nuestra vida a la educación de los jóvenes: la solidaridad, el respeto de los otros y de uno mismo, la igualdad, sobre todo entre los sexos, la justicia, el trabajo…
Encontramos soluciones desde la Etica del CUIDADO de Victoría Camps, que quisiera instaurar el cuidado (de los niños, de los mayores, de los que nos necesitan...) como virtudes cívicas, hasta la “Etica de la HOSPITALIDAD” de Daniel INNERARITY , donde nos habla de la Etica del cuidado de lo frágil, de lo vulnerable, porque “la estructura de la sociedad ahora, se articula como una contraprestación de servicios que no sigue los criterios de la estricta reciprocidad (como pasa en las relaciones económicas)”. Las grandes utopías se están gastando, porque lo importante no es tener una gran meta, como en otros tiempos, sino el pensar que el OBJETIVO de nuestra vida se puede ir enriqueciendo con las contrariedades. Lo que no es obstáculo, opino, para que estos objetivos sigan siendo el motor de nuestras acciones.
Y la Filosofía, dice Innerarity, es, a diferencia de los libros de autoayuda, la que descubre los problemas “donde la gente no los ve”, “porque somos los aguafiestas del lugar común”. . Y allí es donde hay que intentar resolverlos.
Todo esto es “educación cívica”. Así pues, los derechos humanos o valores éticos son “exigencias básicas mínimas” sin los que no se puede hablar ni tener dignidad humana: es “LA UNICA EMPRESA POLITICA DE LA QUE LA ETICA NO PUEDE DESPRENDERSE” (Savater).
Volviendo al inicio y a la ley cívica y moral, que se puede vulnerar, la confusión creada por los Obispos de la Iglesia Católica, más atentos a conservar su poder no sólo espiritual sino también político (no hay más que ver su participación en las manifestaciones contra el gobierno en estos asuntos, que no se explicaría en cualquier otro país europeo) ha planteado la cuestión de la educación en valores como una cruzada, dentro de la cual se esconden, (como desde los tiempos de mi juventud de la posguerra) sobre todo los valores de la familia y la sexualidad. Nada más lejos de las verdaderas preocupaciones evangélicas y sí muy próximas al nacional-catolicismo de otras épocas. Porque la ley moral sólo obliga a RESPETAR otras opciones de vida, a respetar a los demás, en virtud del ejercicio de la libertad y del sentido crítico, por encima de las TUTORÍAS que se ofrecen a los PUPILOS, de unas VERDADES ABSOLUTAS en las que estábamos cómodamente asentados, como nos decía el viejo Kant. La ley, pues, nos debe seguir defendiendo de los distintos poderes en una Sociedad DEMOCRÁTICA.
Elche a 20 de Junio de 2007
Margarita Fuster. Catedrática de Filosofia
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