“Para qué sirven los filósofos” o “Para qué sirve la Filosofía”, explica perfectamente la aversión de los mercados y de los políticos del neocapitalismo liberal a la filosofia.
“Como en todas las situaciones históricas muy graves, en el momento actual, la filosofía debería ser imprescindible para comprender lo que está ocurriendo…. Una de las cosas muy graves es la destrucción de la enseñanza pública estatal”. Refiriéndose concretamente al Plan Bolonia, el autor del libro afirma que ha sido un proyecto neoliberal de reconversión mercantil de la Universidad pública .
¿Por qué ese miedo de los mercados a la filosofía?. ¿Para qué sirve la filosofía?. El autor responde con una paradoja: “PARA NADA Y PARA GOBERNAR”. Desde Sócrates y Platón, de la perplejidad ante lo “desinteresado” surgieron las cosas que más nos interesan, el mundo de la razón y de la libertad. Sócrates hacía preguntas que parecían tontas (por ejemplo, preguntaría hoy ¿qué son los mercados? ¿qué significa la palabra paro?). Con estas preguntas iba ”acorralando” a los interlocutores. Finalizando el diálogo les diría, ¿pero es que ya no recordáis lo que decíais antes?. ¿es que ya no recordáis que habíais comenzado diciendo que “el paro es un problema” y que había que buscarle una solución? ¿qué es eso que ahora digáis que el paro es la única solución para los problemas de la economía? ¿cómo es que ahora el problema es la solución?.
Sócrates fue “un corrosivo de las convicciones más arraigadas, un cortocircuito en el mundo de la tradición”. Recurre al lenguaje de los grandes poetas, que es, en realidad, el lenguaje del enemigo. Si los problemas de las personas son las soluciones de nuestra economía, entonces es que el verdadero problema es la economía, el sistema económico en que estamos inmersos. Pero eso, como en la época de Sócrates, no lo admitiría nadie y Calicles, como ahora Rajoy o la Merkel se enfadarían mucho.
A Sócrates lo condenaron, como cuenta Platón en la APOLOGÍA por “falta de tiempo”, porque “si hubiera tenido más tiempo os hubiera convencido”. Se podían haber conocido las mentiras ocultas en sus argumentos, como hoy, y quizá los votantes empezaran a sacar conclusiones imprevistas, al ver tantas mentiras y quizá entonces no votarían lo que más conviene a los poderosos. Así se explica que cuando ganan las derechas apliquen políticas de derechas, pero cuando ganan las izquierdas también apliquen políticas de derechas (a veces a pesar suyo pienso yo, porque las preocupaciones sociales de unos y otros son completamente distintas derivadas de una ideología n completamente distinta). Dice el autor que en dos ocasiones durante el siglo XX , las izquierdas aplicaron políticas de izquierda, en España en 1936 y en Chile en 1970 . Los dos lo pagaron caro, España con 40 años de dictadura y Chile con 16 años de Pinochet. También ocurrió en Guatemala en 1944, en Brasil en 1941, en Nicaragua en 1979, en Rusia en 1993….En todas estas ocasiones no es que sólo mataron a Sócrates, sino a ciudadanos por millares. Se trata de “la pedagogía del millón de muertos”, de la que habla Santiago Alba, pasados los cuales se deja votar a los supervivientes.
“En el Mito de la caverna”, Platón nos habla de dos mundos, el de la razón y el de los sentidos. Pero esto es una alegoría, porque en realidad no es que existan dos mundos para Platón, sino dos formas de entender el mundo, y dos formas de actuar en él. El mundo que experimentamos desde la filosofía es el mundo de la Razón, el mundo de la Verdad, la Justicia y la Belleza. El mundo de la razón necesita siempre de condiciones materiales para poder germinar, pero, al margen de esto, la voz de la razón y la libertad han de escucharse siempre: “Respecto a la esclavitud, la razón y la libertad no decían nada distinto en la época de Espartaco y ahora. Una vez que la razón y la libertad pudieron germinar en la historia, esta quedó obligada a no mirar para otro lado”. Esta voz quedó plasmada en las democracias en la “Declaración de los derechos Humanos”.
La VERDAD es la luz que iluminad a la Razón teórica (lo que tenemos que saber). La luz que ilumina a la Razón Práctica (lo que debemos hacer) es la JUSTICIA. Platón identificó la idea de Verdad y la idea de Justicia con el BIEN, la luz del sol, “una luz velada a los que habitaban la caverna”. Pero Platón admite otra luz para mirar el mundo que es la BELLEZA.´
Cuando decimos que algo es bello, no sólo nos gusta sino esperamos que le guste a todo el mundo, sentimos que estamos sintiendo como todos los demás, que estamos unidos por una fraternidad universal. Estas tres ideas platónicas responden al lema de la Revolución francesa, Libertad, Igualdad, Fraternidad, que transformó el mundo. “ La idea revolucionaria de una República Cosmopolita, en la que todos seamos libres, iguales y fraternos, es hija de la Filosofía”.
Cada vez que tenemos la experiencia de la Belleza, de la libertad o de la Verdad es como si se abriera a nuestros pies el pozo en el que se cayó Tales. Estas experiencias tienen en común el desinterés… La experiencia de la belleza es asombrosa, porque es como si se sintiera desde un lugar que no es el lugar de nadie y por eso es el lugar de cualquier otro.
Pero lo desinteresado tiene intereses muy específicos que son los intereses de la razón. Vivimos en una sociedad en la que, después de la Revolución francesa se realizaron los ideales de libertad e igualdad, pero no el de fraternidad. Este término que parece referirse a algo emotivo, fue Robespierre el que lo introdujo y hablaba de “una emancipación de los “hermanos” respecto del “padre”, el amo, el señor o el patrón”. En este sentido, fraternidad significa “independencia respecto a la voluntad de otro”. Porque, ¿de qué sirve ser libre e igual en un mercado laboral sin unas condiciones materiales que nos den independencia civil donde poder ejercer la libertad y la igualdad?.
Hemos vuelto a la Edad Media, pero exagerada y asfixiante. Los campesinos medievales estaban sometidos a su dios y trataban de complaceros haciendo sus deberes…hoy ocurre lo mismo con los mercados. “Hacemos los deberes para calmar a los mercados, dice Rajoy”. Un dios loco que cambia de opinión todos los días. En esta situación la “fraternidad” es imposible porque no existe independencia civil (no depender de la voluntad de otro). Es como si un padre, sabiendo que su hijo está en paro, le diera la emancipación para que hiciera “su vida”. Tendría que depender del padre para todo.
Para el pensamiento ilustrado, “la condición material de la independencia civil es la propiedad”. ¿Cómo ha conseguido la mujer la independencia civil?. Cuando se le han dado las mismas condiciones materiales que al marido: derecho al trabajo, separación de bienes, derecho a la propiedad etc. Chesterton, ya en el siglo XX, para asegurar el sufragio universal se le ocurrió la idea de dividir el suelo de Inglaterra en tantas parcelas como habitantes para que todos tuvieran independencia civil (la fraternidad). Su voto valdrá tanto como el de cualquiera. Pero la economía capitalista tiene sus propias razones que no coinciden con las nuestras. “Lo que para nosotros puede ser una solución para la economía suele ser un problema… Por eso no votamos para aportar nuestras razones sino para entrar en razón”. Es el dios de los mercados el que nos pone en razón .
Hoy, el movimiento antiglobalización ha puesto al día la independencia civil. El autor habla desde estatalizar los medios de producción (empresas estatales) hasta imponer la tasa Tobin a los mercados de la globalización para pagar una renta básica a la población. Porque sin condiciones materiales el ejercicio de la ciudadanía es papel mojado.
¿Para qué sirve la filosofía? ¿Para qué sirve introducir en el mundo estas tres tensiones políticas, Verdad, Justicia, Belleza?, se pregunta el autor del libro. “El ser humano tiene que ser a algo más que humano”. Nietzsche lo llamó superhombre, pero podía malinterpretarse. La Ilustración ya lo había llamado progreso , palabra a la que hay que librar de las connotaciones del desarrollo tecnológico.
Hay historia cuando la libertad puede tomar la palabra para enderezar el curso del tiempo, en una lucha desesperada del hombre por sobrevivir. La historia de la libertad es “el estado de Derecho” o el imperio de la ley, o sea, el verdadero progreso. El progreso no es tiempo que pasa sino todo loa contrario: tiempo libre que se libra cada vez más profundamente del tiempo.
Vencer a la Naturaleza, decía Kant, es vencer al reinado del tiempo. Antes todo era naturaleza, ahora vivimos en el mundo, a salvo de los acontecimientos, protegidos por nuestras instituciones. Ellas son la garantía de una victoria sobre el tiempo. Para que la historia fuera posible, los seres humanos fueron esclavizados . Entonces vivimos la historia como una vuelta a la naturaleza. Por eso el marxismo decía que la historia es una lucha de clases. Pero lo propiamente humano es el mundo estable de la cultura y de la razón. Habrá “HISTORIA” cuando la libertad pueda tomar la palabra para enderezar el curso del tiempo. La historia de la libertad es el estado de Derecho o el imperio de la ley, el progreso. Es el sueño político de una humanidad con tiempo libre.
La lucha de clases sepultó esa posibilidad. La tradición marxista se embarcó en una de las aventuras más insensatas, con el intento de construir “un hombre nuevo”, más allá del llamado “derecho burgués”, entrando en el mismo proyecto totalitario que el fascismo.
El Derecho es la única escalera que puede levantarnos por encima de universo religioso y el de la tradición. El “más acá” había surgido ya con Aristóteles y se consolida con la Ilustración: el concepto de “ciudadanía”, el proyecto de una “mayoría de edad” de la humanidad (Kant. Filosofía de la historia), con todos sus derechos: una democracia parlamentaria, un sufragio universal, un verdadero liberalismo político…. Para conseguir esto había que acabar con la lucha de clases. Simplemente, conceder al ser humano la dignidad propia de un ser racional.
Porque el auténtico progreso es el progreso teórico de la ciencia y el progreso práctico del derecho. No es posible negar cualquier progreso de la Ciencia ni volver a la esclavitud de la mujer. La Historia puede retroceder pero la ciencia y el derecho progresan. Con ellos tenemos una brújula para orienta a la historia a un progreso hacia lo mejor, que no es el capitalismo sino la razón, que va corrigiendo un pasado de costumbres e instituciones milenarias atrasadas. En esto, la lucha de clases siempre ha sido, piensa el autor, un lastre que ha retrasado el progreso de la historia, que no tiene por qué seguir los pasos del género humano sino que, incluso, puede llegar a exterminarlo
Esta es la fragilidad de la razón. Con la retórica de “los retos y desafíos de nuestro tiempo” se pretende que sean los intereses de la realidad los que expliquen a la razón lo que ella tiene que hacer. Hemos invertido la Ilustración: ahora son los mercados y los bancos los que quieren educar la razón, imponiéndole su autoridad. Por ejemplo, piensa el autor, los planes de estudio, las facultades o los departamentos universitarios deben adecuarse a las demandas sociales, siguiendo el ritmo de alzas y bajas bursátiles. Se trata de una invasión de lo privado en el orden público de la razón, un espacio conseguido con el esfuerzo de dos milenios de trabajos científicos y jurídicos. Así, dice el autor, los ideólogos de Bolonia están intentando someter a intereses empresariales privados la enseñanza, que es un servicio público y no se explica cómo no hacen lo mismo con la Justicia. Creo que es lo que ahora están empezando a hacer con el pago de los servicios de los juzgados, antes gratuitos. Esto supone ya desmantelar la justicia y convertirla en justicia privada con lo que se hace imposible la división de poderes y la posibilidad de un estado de Derecho.
El capitalismo ha colonizado el mar, la tierra y el aire: se han deshelado los polos, contaminado la atmósfera, esterilizado el suelo, cambiado los glaciares, reventado el suelo con pruebas nucleares, se ha agujereado la capa de ozono, alterado genéticamente las semillas, ¿cómo iba a respetar la razón?.
La historia no devolverá jamás la razón que nos arrebata: Hará falta arrancárselos con el mismo esfuerzo que costó conquistarla. Porque sin instituciones, la razón y el Derecho no pueden subsistir. Los retrocesos de la Verdad y la Justicia son como lo de la lucha obrera: los derechos laborales perdidos después de muchos siglos de luchas, vidas, sacrificios desaparecen en un instante. Estado de bienestar vemos cómo se diluye…con el Estado de Derecho pasará lo mismo.
Y es que las conquistas de la razón se construyen con gran dificultad contra la historia, porque todo lo tiene en contra, menos la libertad.
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