lunes, 25 de marzo de 2013

A SUSI EN SU JUBILACIÓN

Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan...)
Ángel González

Las palabras se ensucian con su uso y sólo los sentimientos nos purifican. Por eso sólo desde los sentimientos podemos volver a hablar de aquellos tiempos en que yo fui directora del Instituto de Carrús, profesora de Filosofía y responsable, junto a otros queridos compañeros, de este monstruo, “el Carrús”, entonces más monstruo que ahora, creo, por el número de alumnos y la cantidad de profesores que constituían su claustro. Unas reuniones de Claustro impresionantes con una efervescencia política y unos deseos de innovación educativa que me obligaban a ir preparada con media pastillita de tranxilium . Recuerdo de qué modo conseguimos en los años 70 y 80 poner en marcha un centro como el Instituto de Carrus, donde llegamos a tener 2.000 alumnos para los que logramos el respeto como sujetos de derecho y como parte activa del proceso educativo, en una época donde la democracia institucional no existía o era muy precaria. Tere Remiro y yo contábamos con tu vehemencia para conseguir nuestro progreso. Aun recuerdo tu empecinamiento en constituir los estudios nocturnos como un centro independiente del diurno por sus características diferenciadas. Y celebrabais “vuestras” cenas de Navidad.                                          Recuerdo también a Loli, mi compañera y  profesora de Educación Física de mis hijas. Y a Candelaria, que entró en el Centro para aliviar las carencias en el cuidado del Centro. A todas os doy mi cariño en vuestra celebración. 

Pero el tiempo, ese tiempo ” que unos dejan abandonado porque les sobra o ya no saben qué hacer con él”,  otros lo vivimos en un presente que fluye sin cesar del pasado y que para mi ha corrido velozmente y me ha dejado sin respiro.
Y llegó un día de finales de 1997, en que tú, Susi con otros compañeros, preparaste mi jubilación y decías que yo representaba la voz de la moderación y el sentido común, necesarios en aquellos momentos. Han pasado muchos años. Y ahora, cuando el porvenir no acude en nuestra busca, deja como consuelo la ilusión del futuro, y ya no importa la sensatez y el sentido común, sino el tener la libertad de decir y de hablar de todo aquello que antes, por moderación,  callábamos.  No es tiempo de silencios.
Ahora parece que hay que empezar de nuevo. Se han perdido algunos de aquellos valores conseguidos entonces, porque las circunstancias sociales y políticas han cambiado.  Aunque para los profesores que como tú han amado su tarea, la cosa no parece tan grave. Tú sabes que “NO TODO VALE. Debemos conseguir que nuestros alumnos (y  nuestros hijos y nietos, ya) sean capaces de pensar por sí mismos. Kant (¡cómo no!) lo tenía eso muy claro en el ejemplo: la paloma  cuando vuela piensa que si no hubiera aire que ejerciera presión sobre sus alas volaría mejor. Sin embargo se equivoca porque sin aire no podría volar. Y así la libertad no puede ser un absoluto, tiene sus restricciones que son las libertades de los demás.
Querida Susi, al margen  de las circunstancias personales que puedan influir en tu decisión de jubilarte, las personas inquietas como nosotras encuentran que “ahí fuera hace mucho frio” . 
Pero tienes alumnos que te quieren, no sólo los antiguos, como mis hijas, sino creo que hasta los más recientes valoran tu esfuerzo por adaptarte a sus carencias. Cuando salgas, te darás cuenta que el agradecimiento de tus alumnos, de una forma concreta, en una carta, o en un amigo nuevo, justifica el trabajo de toda tu vida.
Pero a vosotros, queridos profesores míos que os quedáis, no os perdono que no me hayáis incluído como estatua (que por derecho me pertenece) en ese calendario de la Escuela de Atenas que habéis impreso. Me ha faltado ese poquito de calor que no hay fuera.
De todas formas recuerdo de esas “afueras” que me dieron calor, a  tu madre, Irene, que como tú,  destacaba por sus inquietudes, de quien recibimos  calor,  a pesar de que las madres, llega un momento en que necesitan de los hijos más que éstos de sus madres. No hay palabras suficientes aunque sí memoria suficiente para recordarla.                                                             
Nos veremos, si quieres, Susi, en esos foros que las personas como nosotras necesitamos para vivir. Aunque también necesitemos, como Mario Benedetti, tiempo para mirar, un árbol, un farol 
para andar por el filo del descanso
para pensar qué bien hoy es invierno
para morir un poco y nacer enseguida
…digamos nos hace falta
tiempo sin tiempo

No hay comentarios: