NIETZSCHE: LA FILOSOFIA DE LA CRISIS DE LOS VALORES.
La
glorificación del individuo fue un principio fundamental en el Romanticismo alemán del siglo XIX,
movimiento literario que afectó a todas las ARTES.
Nietzsche fue un filósofo romántico influido sobre todo por la música de Wagner y
la filosofía de Schopenhauer así como por su Cátedra de griego en la
Universidad de Basilea.
Con Schopenhauer, muerto ahora hace 153
años, se produce un giro biológico en la
filosofía, una provocación para aquel tiempo: se pasó de considerar al hombre como
algo espiritual o intelectual a considerarlo
como algo biológico, el cuerpo, las pulsiones. En “El mundo como voluntad y como representación” afirma que es en el
propio cuerpo donde encontramos la realidad,
experimentada desde dentro, desde la raíz
de la naturaleza: dolor, deseo, placer, pulsión, a todo lo cual llama
“voluntad”, voluntad de poder. Su filosofía es de superación de esta
voluntad egoísta. No hay otra salida. Tenemos que aprender a renunciar, tenemos que aprender ascesis, mitigar la
avidez (hay en él una cierta influencia budista). Pone como ejemplo del instinto social del hombre, el caso de los
puercoespines que, en los días fríos de invierno se apiñan entre sí para
calentarse pero, como se clavan unos a otros las espinas, tienen que volver a
separarse, arrojados de aquí para allá entre dos males. Lo mismo les ocurre a
los hombres, que buscan la sociedad pero que son atormentados por ella. Todas estas
reflexiones serviría en nuestra sociedad del siglo XXI.
Pero, frente
a la Filosofía de renuncia de Schopenhauer, Nietzsche afirma la vida como valor
superior. Su Filosofía es una exaltación de la vida, un grito a favor de la
vida.
Para N.
existen dos instintos antagónicos en la naturaleza humana: lo
apolíneo y lo dionisiaco (utilizando los mitos griegos de Apolo y Dioniso).
El ímpetu dionisíaco (la pasión, los deseos) nos mantiene unidos con el origen
de la vida, donde lo instintivo e irracional se manifiesta totalmente
desinhibido. Lo apolíneo es el instinto que pone límites, pone orden, impulsa a
pensar de una manera razonada y da lugar a la filosofía y a la ciencia.
En el tiempo, primero aparece el
impulso dionisiaco,
que nos tiene unidos a la tierra, no como individuos sino como un todo
indiferenciado. Pero esta fusión es a la vez fuente de placer y de sufrimiento. Para evitar este sufrimiento surge el ejercicio de las facultades
intelectuales, especialmente de la razón, surge el individuo. Ambos impulsos, pues, se complementan.
En la tragedia clásica es donde mejor se representan estos principios: el coro
simbolizaba lo dionisiaco y los personajes de la obra luchando contra sus
pasiones y el destino, lo apolíneo.
En su obra
de juventud “EL ORIGEN DE LA TRAGEDIA EN EL ESPÍRITU DE LA MÚSICA”, exalta a los primeros filósofos, Tales, Anaximandro, Heráclito, Parménides…
.”genios en una república de enanos”, porque están unidos a la naturaleza, a la
fisis (buscan el origen del mundo y lo encuentran en un elemento: agua, aire,
fuego…). Representan el impulso dionisiaco. Pero para Sócrates y Platón sólo lo inteligible y medido eran lo bueno y lo
bello. Esto pasó al Cristianismo donde lo natural fue considerado fuente de
pecado.
Nietzsche denuncia así la falsedad de
la metafísica y reivindica la existencia terrenal y material,. La música es el arte que mejor
representa el ímpetu dionisiaco porque causa una serie de procesos en nuestro
interior que se podrían definir en sentido amplio como sentimientos. La música
arranca “de la raíz misma de la existencia”, lo que Schopenhauer llamaba
voluntad y él llama “lo dionisiaco”. De ahí su admiración por Wagner del que
luego se separó, cuando el músico compuso “Parsifal”, una exaltación del
Cristianismo. El músico Strauss compuso “Así habló Zaratustra” en homenaje a
Nietzsche, donde sigue todo el proceso de Zaratustra.
La filosofía
de Nietzsche es un grito por la vida y una crítica de los valores tradicionales
que “enmascaran” la vida (las religiones son una máscara que nos colocamos). En
su obra final ECCE HOMO, autobiográfica,
escrita poco antes de sumirse en la locura cuenta que, nacido en el seno de una
familia de clérigos protestantes, pasó su infancia rodeado del cariño opresivo de una familia
constituida especialmente por mujeres.
En “ECCE HOMO”: “Conozco
mi destino. Alguna vez se asociará a mi nombre el recuerdo de algo tremendo: el
recuerdo de una crisis como no ha habido ninguna otra en la tierra, de la más
honda colisión de conciencias, de una condena de todo lo que hasta ahora se
había creído, postulado, santificado. No soy un hombre, soy dinamita”,
pero a la vez, “el más encubierto de todos los encubiertos”.
Lou Andreas Salomé fue la
mujer amada por Nietzsche, de la que no consiguió el amor. Ella lo describe
así:
“Al
contemplador fugaz no se le ofrecía ningún detalle llamativo. Aquél varón de
estatura media, vestido de manera muy sencilla pero también muy cuidadosa, con
sus rasgos sosegados y el castaño cabello peinado hacia atrás con sencillez,
fácilmente podía pasar inadvertido. Las finas y extraordinariamente expresivas
líneas de la boca quedaban recubiertas casi por un gran bigote caído hacia
delante; tenía una risa suave, un modo
quedo de hablar y una cautelosa y pensativa forma de caminar, inclinando
un poco los hombros hacia delante; era difícil imaginarse a aquella
figura en medio de una multitud. Tenía el sello del apartamiento, de la
soledad. Incomparablemente bellas y noblemente formadas, de modo que atraían
hacia sí la vista sin querer, eran en Nietzsche las manos, de las que él mismo creía que delataban su espíritu.
Similar importancia concedía a los oídos, muy pequeños y modelados con finura,
de los que decía que eran los verdaderos “oídos para cosas no oídas”. Un
lenguaje auténticamente delator hablaban también sus ojos. Siendo medio ciego,
no tenían sin embargo, nada de ese estar acechando, de ese parpadeo, de esa no
querida impertinencia que aparece en muchos miopes; antes bien, parecían ser
guardianes y conservadores de tesoros propios,
de mudos secretos, que
por ninguna mirada no invitada debían ser rozados. La deficiente visión daba a
sus rasgos un tipo muy especial de encanto, debido a que, en lugar de reflejar
impresiones cambiantes, externas, reproducía sólo aquello que cruzaba por su
interior. Cuando se mostraba como era, en el hechizo de una conversación que lo
excitase, entonces podía aparecer y desaparecer en sus ojos una conmovedora
luminosidad: más cuando su estado de ánimo era sombrío, entonces la
soledad hablaba en ellos de manera tétrica, casi amenazadora, como si viniera
de profundidades inquietantes…”
-Podemos
distinguir tres puntos básicos en la
Filosofía de Nietzsche que se presentan cronológicamente en este orden: La
idea del espíritu trágico griego(la voluntad de poder), representado por su
obra “El origen de la tragedia”, en
la que desarrolla el ideal de héroe trágico de los griegos,(lo dionisíaco). A
continuación viene una etapa de remanso, el ideal del hombre ilustrado (lo
apolíneo) representado por Voltaire y su libro “La gaya ciencia”. Y su etapa definitiva, el desarrollo del
SUPERHOMBRE, que rompe con todos los valores anteriores, en “Así habló Zaratustra” .
En “ASÍ
HABLÓ ZARATUSTRA, NIETZSCHE estuvo profundamente influido por las ideas y la
personalidad de Wagner, con quien mantuvo una relación dramática que tuvo que romper por
insostenible. Como tuvo que romper con todos los amigos.
“…A Nietzsche le fascinaba
la mascarada teatral de origen dionisiaco. Pero la pasión por la verdad le
consumía las entrañas. De ahí la necesidad de conducir la verdad por la vía del
desenmascaramiento. Nietzsche
pretendía la cuadratura del círculo: mostrar
la nada que se escondía tras la máscara, y combatir el nihilismo a través de la afirmación positiva de una buena nueva,
la afirmación de la llegada del hombre del futuro, del superhombre, el creador, el artista y por eso, el músico. Pero le
faltaba el elemento que podía aportar WAGNER: la música. “Su magia no llegaba
al extremo de transmutar el lenguaje escrito en partitura musical. Sus
composiciones musicales no daban la dimensión exigida, de ahí su amor y su
envidia de esa música wagneriana, que al final se hizo incompatible con esa voluntad
de verdad característica de la Ilustración ”. (Eugenio
Trías. “El caso Wagner).
ASÍ HABLÓ
ZARATUSTRA”
Se trata de
una fábula sencilla con cuatro partes: La muerte de Dios-El Superhombre-La
voluntad de poder-El eterno retorno.
El protagonista,
Zaratustra, primer creador de la moral en la Persia antigua, es el primero que
tiene que rectificar su error y convertirse en el primer “inmoralista”. Tenía
30 años, como su gran oponente Jesús de Nazaret. Se retira otros diez años a la
montaña, en la soledad de 1a naturaleza y desciende a los hombres para
llevarles su doctrina, primero en la plaza, después tres veces a los indivíduos
, pero sin manifestar su pensamiento más hondo; el eterno retorno
de lo mismo. En la cuarta bajada cena con los NIHILISTAS, idealistas a
quienes se les ha caído el cielo ideal y experimentan el grande y horroroso
vacío. Vuelta a lo desconocido.
PRÓLOGO: el último hombre y
el Superhombre son punto de partida y esperanza. El último hombre ha perdido
todo idealismo y ya no quiere nada, no realiza “proyectos”. La muerte de Dios significa la muerte de toda
creación metafísica, idealista o religiosa, la muerte de todos los ideales. Hace una crítica corrosiva de nuestra vida
moderna: el último hombre somos nosotros que hacemos uso de las diversiones masivas, del tiempo libre
organizado por otros (la misa dominical, los espectáculos de toda índole) para
no ser devorados por el horroroso vacío de una vida que no quiere nada, que
quiere la nada. Escogemos un capítulo de la obra:
NIETZSCHE: “ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA”
Capítulo “Del Camino del Creador”
“De las tres transformaciones del hombre”
“Tres transformaciones del espíritu os menciono: cómo el espíritu se convierte en camello y el camello en león y el león, por fin, en niño.
“De las tres transformaciones del hombre”
“Tres transformaciones del espíritu os menciono: cómo el espíritu se convierte en camello y el camello en león y el león, por fin, en niño.
Hay muchas cosas
pesadas para el espíritu, para el espíritu fuerte, paciente, en el que habita
la veneración: su fortaleza demanda cosas pesadas, e incluso las más pesadas de
todas.
¿Qué es pesado? Así
pregunta el espíritu paciente. Y se arrodilla igual que el camello, y quiere
que se le cargue bien.
¿Qué es lo más pesado,
héroes?. Así pregunta el espíritu paciente, para que yo cargue con ello y mi
fortaleza se regocije.
¿Acaso no es:
humillarse para hacer daño a la propia soberbia? ¿Hacer brillar la propia
tontería para burlarse de la propia sabiduría?.
¿O acaso es: apartarnos
de nuestra causa cuando ella celebra su victoria? ¿Subir a altas montañas para
tentar al tentador?.
¿O acaso es alimentarse
de las bellotas y de la hierba del conocimiento y sufrir hambre en el alma por
amor a la verdad?
¿O acaso es estar
enfermo y enviar a paseo a los consoladores, y hacer amistad con sordos, que
nunca oyen lo que tú quieres?
¿O acaso es sumergirse
en agua sucia cuando ella es el agua de la verdad, y no apartar de sí las frías
ranas y los calientes sapos?
¿O acaso es : amar a
los que nos desprecian y tender la mano al fantasma cuando quiere causarnos
miedo?
Pero en lo más
solitario del desierto tiene lugar la segunda transformación: el león se
transforma aquí en espíritu, quiere conquistar su libertad como se conquista
una presa y ser señor en su propio desierto.
Aquí busca a su último
señor: quiere convertirse en enemigo de él y de su último dios, con el gran
dragón quiere pelear para conseguir la victoria.
¿Quién es el gran
dragón, al que el espíritu no quiere seguir llamando señor ni dios?. “Tú
debes”, se llama el gran dragón. Pero el espíritu del león dice “yo quiero”.
Tú debes le cierra el
paso, brilla como el oro, es un animal escamoso, y en cada una de sus escamas
brilla áureamente el “tú debes”´
Valores milenarios
brillan en esas escamas, y el más poderoso de todos los dragones habla así: ”
todos los valores de todas las cosas brillan en mí”
“Todos los valores han
sido ya creados, y yo soy todos los valores creados. ¡En verdad, no debe seguir
habiendo ningún “yo quiero”. Así habla el dragón,
Hermanos míos ¿para qué
se precisa que haya el león en el espíritu?. ¿por qué no basta la bestia de
carga, que renuncia a todo y es respetuosa?
Crear valores nuevos,
tampoco el león es aún capaz de hacerlo; más crearse libertad para un nuevo
crear, eso sí es capaz de hacerlo el poder del león.
Crearse libertad y un
no santo incluso frente al deber: para ello, hermanos míos, es preciso el león.
Tomarse el derecho de
nuevos valores- ese es el tomar más horrible para un espíritu paciente y
respetuoso. En verdad, eso es para él robar, y cosa propia de animal de rapiña.
En otro tiempo el
espíritu amó el “tú debes” como cosa más santa: ahora tiene que encontrar
ilusión y capricho incluso en lo más santo , de modo que robe al quedar libre
de su amor: para ese robo se precisa el león.
Pero decidme, hermanos
míos, ¿qué es capaz de hacer el niño que ni siquiera el león ha podido hacerlo?
¿por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en niño?.
Inocencia es el niño y
olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un
primer movimiento, un santo decir sí.
Sí, hermanos míos, para
el juego del crear se precisa un santo decir sí: el espíritu quiere ahora su
voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo.
Tres transformaciones
del espíritu os he mencionado: cómo el espíritu se convirtió en camello, y el
camello en león, y el león, por fin, en niño.
Así habló Zaratustra, y
entonces residía en la ciudad que es llamada la vaca multicolor.
Nietzsche. “Así habló
Zaratustra”.
” En “Así habló Zaratustra” argumenta que el hombre
tiene que sobrepasarse a sí mismo, y crea dos grandes imágenes: el superhombre
y el eterno retorno; aquél para ocupar el puesto de Dios, y éste como método de
superación, mediante la afirmación de la vida terrenal, afirmación ésta que es
“eterna”, y, por eso, la “voluntad de poder” alcanza su más alto grado en el
“eterno retorno”. De “Tendencias 21”
El filósofo Eugenio Trías,
muerto hace muy poco, dice “Así habló
Zaratustra” explica las tres metamorfosis del espíritu hasta llegar a la
plenitud super-humana: ese instante eterno de autoafirmación vitalista y
creadora, más adentro de toda cáscara
moral. Hay en él un ateísmo sagrado, algo que podríamos llamar una mística
terrenal, que resulta imprescindible para entender el más profundo
sentido religioso hoy”.
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