lunes, 2 de diciembre de 2013

“EL ÚLTIMO ENCUENTRO” . SANDOR MARAI.





1.- BIOGRAFIA DEL AUTOR 
“En esta breve biografía ilustrada, elaborada por un reconocido especialista húngaro, Enrö Zeldner, el autor se propone retratar a Márai como ser humano y repasar los diversos episodios y épocas de su vida, siempre oscilante entre la dedicación al arte y las imposiciones del destino, determinado por los avatares políticos de la convulsa Europa del siglo XX.

 Márai no fue un escritor aureolado por el "malditismo" ni tampoco un marginado social desconocido o un mártir político; al contrario, fue en general un señor cabal y mesurado, consciente de su ascendencia burguesa y dedicado en cuerpo y alma a la tarea que le gustaba y que sabía desempeñar a la perfección: la literaria.  Desde muy joven -siempre fue mal estudiante por demasiado curioso y avispado- lo sedujeron la lectura y el periodismo. Su padre, un gran abogado de la ciudad húngara de Kaschau (hoy en Eslovaquia con el nombre de Kosice), le permitió salir al extranjero en cuanto tuvo edad de estudiar. Hasta los 23 años, cuando se casó con una mujer judía y de acaudalada familia burguesa, "Lola", a la que amó intensamente y con la que convivió hasta la muerte de ella, sesenta años después, Márai residió en Budapest y en varias ciudades alemanas (su lengua materna era el húngaro, pero dominó desde pequeño el alemán), Leipzig, Weimar, Múnich y Berlín, que fueron sus escuelas de vida y sabiduría. Allí pasó unos años de aprendizaje bohemio, entre escritores y cafés de artistas, ganándose el sustento con la escritura de artículos periodísticos, crónicas, prosas breves y poemas. 
Unos años en París, durante la dictadura de Horthy, lo hicieron popular en Hungría gracias a las crónicas que enviaba desde el extranjero. En los años treinta se estableció en Budapest y, obsesionado por el trabajo, comenzó a producir novela y teatro, de modo que en los cuarenta gozaba ya de fama extraordinaria, casi comparable a la de Thomas Mann o Stefan Zweig. Cada nueva obra suya era un éxito de ventas, se traducía a todos los idiomas cultos (incluso al castellano hubo traducciones tempranas que hoy son desconocidas). Márai disfrutaba de una vida acomodada, conducía un automóvil y vivía en una amplia y hermosa casa.

Cuando los nazis accedieron al poder en Alemania, el escritor húngaro fue uno de los primeros en oponerse abiertamente a Hitler con contundentes artículos. Enseguida vio lo que se le venía encima a Europa, por un lado, con Hitler y, por otro, con Stalin. Sin embargo, a él la crueldad de la guerra no le tocaría de lleno hasta 1945. Después de la invasión alemana de Hungría, frente a tantas atrocidades perpetradas por los invasores secundados por fascistas húngaros, Márai escribió en su diario: "De hecho, los alemanes son magos. Han acertado a realizar el milagro de que cualquier ser humano decente espere honestamente y lleno de anhelo a los rusos, a los bolcheviques que llegan como libertadores".  Pero con el establecimiento del régimen comunista, la estrella de Márai comenzó a declinar. Tachado pronto de escritor "decadente y burgués", aquel europeo individualista y cosmopolita, de ideales humanistas, jamás pudo plegarse a la uniformización colectivizada que aceptaban la mayoría de sus colegas, y en 1948 abandonó Hungría definitivamente para instalarse en Italia.

El desmoronamiento político y moral de su patria bajo el yugo comunista y la vida errante que llevó junto a su esposa durante las últimas décadas de su vida -terminaron instalándose en Norteamérica, en Nueva York y, finalmente, en San Diego- contribuyeron al aislamiento de Márai. Continuó escribiendo diarios y alguna otra novela, y gracias a sus colaboraciones radiofónicas con la emisora Radio Europa Libre su voz llegaba a menudo al otro lado del "telón de acero", pero la vejez y la pérdida paulatina de sus seres queridos minaron su espíritu hasta agotarlo por completo. Cambió el régimen en su país y Márai volvió a ser reconocido, recibiendo ofertas para regresar a la patria, pero ya era tarde. Se disparó un tiro en la cabeza en cuanto supo que ya sólo podría seguir viviendo ingresado en un hospital y dependiente del cuidado de otras personas. Poco después de su muerte caía en 1989 el muro de Berlín”. (Luís Moreno Claros. “El País”, 12 de Noviembre de 2005).


2-.ANÁLISIS DE “EL ÚLTIMO ENCUENTRO”.

El protagonista de la novela, el General, Henrik, hijo un Guardia Imperial del antiguo  imperio austro-húngaro, es el oponente de Konrad, su amigo de la adolescencia, con el que en la vejez  mantiene una pugna que constituye el núcleo de la novela.

El marco es un pequeño castillo de caza en Hungría, al pie de los Cárpatos, donde en otros tiempos se celebraban elegantes veladas y  cuyos salones decorados al estilo francés se llenaban de la música de Chopin (nos recuerda la imagen de la emperatriz Sisi). Cuarenta y un años después ha cambiado radicalmente de aspecto. Se describe el final de una época, la destrucción del imperio austro-húngaro y de un modo de vida elegante y burgués. En este nuevo marco, dos hombres mayores, que de jóvenes habían sido amigos inseparables, se citan a cenar tras cuarenta y un  años sin verse ( desde un 14 de Agosto de 1848 al 2 de Julio de 1889). Durante este tiempo uno de ellos se ha dedicado a la caza en su propiedad, la Casa del Bosque, y hace años que no lee, esperando la carta del amigo.
El otro, Konrad, ha pasado mucho tiempo en Extremo Oriente, pero ambos han vivido a la espera de este momento, ya que  entre ellos se interpone un secreto de una fuerza singular.  A través de una larga serie de monólogos y de cortas respuestas, a veces muy brillantes que encierran verdaderos estudios psicológicos, se va conociendo el desarrollo de sus vidas:

Después de su boda en París, el Guardia Imperial  y la condesa, los padres del General, regresan a los bosques  de Hungría. De paso por Viena, son recibidos por el Emperador y la Emperatriz, lo que expresa la categoría que en aquellos tiempos poseía el padre. A medida que se acercan a  la tristeza de los páramos, se acentúa el aislamiento de la condesa, que  manda construir la Casa del Bosque para alejar a los cazadores de la Mansión. Sus modales eran refinados a diferencia de los modales toscos de aquellas gentes. La condesa  siente mucho frio en aquellos páramos. Años más tarde, ella, Konrad y la mujer del General, Krizstina, amantes de la música, harán un frente común que conseguirá que Henrik y su padre sean  los “diferentes”.

Un personaje importante es Nini, la nodriza del General que se convierte en su confidente, “unidos  por la leche materna” (pag. 13 y ss.). Después de un veraneo en  Bretaña, Henrik enferma  (pag 30 y ss.), la tos y la palidez le hacen sufrir en un clima que no le sienta bien. Nini tienen que ir hasta Bretaña para salvarlo del ambiente que le enferma. Y el padre le sentencia ¡tú serás soldado! En su rígida educación, hablar de sus sufrimientos estaba prohibido y había que soportarlos sin quejarse.

Al regresar de Bretaña es internado en la Academía militar de Viena. Eran 400 muchachos venidos de todas partes y sometidos a una disciplina muy austera. Allí conoce a Konrad, un muchacho de familia humilde con quien traba una profunda amistad. Aunque en su familia no se podía hablar de sentimientos, sin embargo, Henrik necesitaba amar a alguien (pag.41), ahora ama a Konrad. “Henrik y Konrad o Konrad y Henrik” era lo mismo, y los compañeros y las familias acabaron por  aceptar esta amistad. Pasaron juntos toda la adolescencia, obsesionados por la pureza, eran profundamente religiosos, quizá para alejar cualquier “tentación malsana”. Henrik, acostumbrado a la riqueza, es más rápido y está más preparado para todo. Konrad, de familia más humilde (pag. 45 y ss.) se tiene que esforzar mucho. Se siente como si su vida no le perteneciese a él por la deuda contraída ante el enorme sacrificio que  tenían que hacer sus padres (pag. 48).

Una pasión de Konrad no compartida por su amigo era la música. El padre la consideraba un peligro, porque removía sentimientos. En la Academia sólo se tocaba música militar que enardecía los sentimientos patrióticos, los únicos permitidos. A Konrad la música le conmovía, palidecía. Era pariente de Chopin. Con la Condesa interpretaba su música y más tarde también con la esposa del General, Krizstina.  Ellos dos (padre e hijo) eran “diferentes”·

El punto crucial, de donde parten las posteriores reflexiones de la novela a través de los monólogos del General, es su captación de que su amigo Konrad desvía hacia él la escopeta que apuntaba a un ciervo en una cacería. Konrad desaparece sin despedirse. Ante la desaparición de su amigo, Henrik, intenta entrevistarse con él y visita su casa acompañado de su esposa. La casa está vacía pero él percibe que su esposa ya la conocía.

Cuenta que, consciente de que Konrad y su mujer se aman y se encuentran, él no perdona y abandona a su mujer alojándose en la Casa del Bosque. Vive 10 años separado de Krizstina, hasta la muerte de ella ocurrida en la  Mansión. El padre de Krizstina, un viejo músico es quien le revela lo que él piensa que ha ocurrido entre los tres.

Tras los hechos ocurridos 40 años atrás, el General vive aislado. Ha perdido lo que más quería, su padre, su madre, su mujer. Sólo le queda Nini. Ahora Niní, con 90 años, significa la inmovilidad del General, metido en las caballerizas, tras haber abandonado la Mansión. A las autoridades que vienen a cazar las recibe el Administrador en la Casa del Bosque, donde todo estaba preparado para las visitas. El deseo de venganza se va desvaneciendo con el tiempo hasta que ahora, de nuevo vuelve a aparecer.

A través de los monólogos del General se van  descubriendo  los nudos de la novela: cuenta cómo su vida transcurre en el frente durante dos guerras, de las que consigue sobrevivir. La necesidad de la venganza es la que le proporciona esa fuerza.  Ya de regreso nos cuenta que ¡por fin! ha recibido una carta del amigo después de 41 años de espera, en la que le anuncia su visita. Es el acontecimiento cumbre, tantos años esperado. Manda preparar la Mansión para recibir al amigo,  a donde él no había vuelto en todos aquellos años, retirado en su casa del bosque.

Y sigue desgranando en los monólogos todo lo que ha investigado. Le exige a Konrad que le cuente lo que pasó. Konrad habla muy poco pero sus silencios son reveladores. Son interesantes las reflexiones de Henrik sobre la amistad, la vejez, el amor…

 La amistad entre Henrik y Konrad en aquellos tiempos de dura represión, esconde en el fondo una relación entre dos hombres dudosamente aceptada. La culpabilidad quizá se trata de compensar acudiendo a la religión, la represora, con los rezos, la obsesión por la pureza etc. Quizá fuera un complejo inconsciente de culpabilidad.

El amor, en el que se siente traicionado: “Al igual que el enamorado, el amigo no espera ninguna recompensa por sus sentimientos. (…) ¿Qué valor tendría la amistad si sólo amamos en la otra persona sus virtudes, su fidelidad, su firmeza? ¿Qué valor tiene cualquier amor que busca recompensa? (…) Tenemos que soportar que las personas que amamos no siempre nos amen, o que no nos amen como nos gustaría. Tenemos que soportar las traiciones y las infidelidades, y lo más difícil de todo: que una persona en concreto sea superior a nosotros, por sus cualidades morales o intelectuales.”. (Editorial Salamandra. De bolsillo. 2002).

La vejez, una etapa de la vida en la que ya las venganzas se diluyen con  la experiencia del sufrimiento.

La búsqueda de la verdad es en realidad, de “su verdad”: quiere saber si su amigo intentó matarlo y si le traicionó con Krizstinas. En medio de este universo machista, donde las mujeres representan un papel mínimo, el del sentimiento expresado a través de la música, al que también se acerca Konrad, la verdad es compleja: la verdad no es la del que se siente traicionado que es el más fuerte. Henrik,  ha disfrutado de todo: riqueza, poder, reconocimiento. Konrad no puede soportar la dureza de la vida militar y se enamora de Krizstina. Es el perdedor. Cada uno lleva su carga. ¿Cuál de los dos  sería moralmente responsable?. 

Todo converge en un duelo sin armas, aunque tal vez mucho más cruel, cuyo punto en común es el recuerdo imborrable de una mujer. La tensión aumenta, línea tras línea, hasta que se hace casi insoportable, pero la prosa continúa, implacable, precisa, fiel reflejo del empeño de los protagonistas por hurgar hasta en lo más recóndito de sus almas, allí donde se encuentran esas verdades cuyo descubrimiento provoca, al mismo tiempo, un insoslayable dolor y un incontenible impulso vital.” ( Editorial Salamandra. 1999).       

Termina satisfecho porque su venganza, tantas veces planeada, ya la ha tenido a través del sufrimiento de  Konrad, duramente castigado en aquellas ciénagas del Próximo Oriente, alejado de su amigo y de su amor durante cuarenta años.

Konrad se marcha y Henrik, satisfecho en su búsqueda de la verdad, sólo espera la muerte.

La novela ha recibido también críticas negativas, la de ser “una novela superficial aunque bien escrita, porque los personajes convocados por Márai  vienen tan solo a ilustrar una anécdota: no se mueven, no progresan, simplemente confirman una historia que el autor conoce de antemano y de la que no aspira a sacar más partido que la revelación de algo que bien pudo aparecer al principio. La verdadera intriga sería conocer de verdad a esos personajes, saber qué sentido tuvo para ellos el suceso que les ocupa. (José Maria Guelbenzu. RdL. ) 

Otras voces críticas muy solventes opinan que “en la mayor parte de estas celebradas novelas de Márai todo queda finalmente en fuego de artificio desvanecido en humo; no les falta razón, pero lo cierto es que el espectáculo es hermoso y nunca banal. Por otra parte, siempre permanece el aura y el recuerdo de ese ambiente que recrean, aquel mundo europeo de los años de entreguerras, mezcla de cosmopolitismo y grandiosa decadencia burguesa que, como en los relatos de Stefan Zweig, pertenece a una época que hoy nos parece elegante y romántica, un paraíso con cierto olor a podrido ya perdido para siempre”. ((Luís Moreno Claros. “El País”, 12 de Noviembre de 2005).

CONCLUÍMOS 
La búsqueda de la verdad como fuerza liberadora, como soporte ético imprescindible para sobrellevar el transcurso de una vida, está en el centro de esta novela magistral, que tras permanecer en el olvido durante más de cincuenta años fue rescatada por la prestigiosa editorial italiana Adelphi y se colocó rápidamente en el primer puesto de las listas de libros más vendidos de Italia. La tremenda exactitud de su prosa, apenas atemperada con un barniz de refinada melancolía, unida a la vigencia de sus propuestas morales, sitúa a Sándor Márai entre los grandes escritores europeos de este siglo”. 
(Edit. Salamandra. De bolsillo. 2002)

Margarita Fuster Maciá
Para el Club de lectura del Club Senior de la UMH

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