“SOBRE LA LIBERTAD”
Es el título del libro de Jonh Stuart Mill, 154 años después de
su publicación que conserva su valor en la actualidad.
Su padre, JAMES Mill le
educó siguiendo los principios del Radicalismo inglés del siglo XIX: “todos los
niños al nacer son iguales” , de modo que la inteligencia es como una “tabla rasa” donde se puede
imprimir lo que se quiera. Soportó el régimen de estudio más intensivo que haya
sufrido niño alguno, que tenía que extenderse hasta la juventud.
S. Mill en su “AUTOBIOGRAFÍA” nos cuenta que fue educado totalmente al margen de
los sentimientos, que a los dieciocho
años era “como una ruda máquina lógica”: ignoraba lo que era jugar con otros
chicos, que era el mundo, cómo funcionaba la sociedad etc. En 1826 sufre una profunda
depresión, comienzo de una transformación en su orientación intelectual y
personal:
A partir de ahora “El cultivo
de los sentimientos se convirtió en uno de los puntos cardinales de mi credo
ético y filosófico. Y mis pensamientos e inclinaciones se dirigían cada vez más
hacia todo lo que parecía capaz de cooperar a ese fin. Ahora empezaba a
encontrar sentido a las cosas que había leído u oído sobre la importancia de la
poesía y del Arte como instrumentos de la cultura humana” ( obra citada.
Capítulo 5).
Esto lo separó de sus
compañeros del Radicalismo político. El año siguiente
encontró una mujer que iba a compartir con él una gran parte de sus objetivos durante los siguientes 28 años: Harriet Taylor, después de cuya muerte, en 1869, publicó el Ensayo "La sujeción de la mujer", que ha permanecido durante más de cien años como casi el único análisis intelectual, hecho por un hombre, de la situación de la mujer.
Stuart Mill elevó el
Utilitarismo hedonista e individualista a un Utilitarismo humanista y altruista: e indicó la necesidad de
trabajar tanto por nuestro interés como por el de los demás (el mayor número de bienes posibles para el mayor número de personas).
En su libro “Sobre la libertad”, señala que nadie debe arrogarse la facultad de
impedir a un adulto la libertad de disponer de su cuerpo y de su vida, a menos
que su conducta lesione el territorio de los demás. Su espíritu reformista
trató de conciliar la protección de los ámbitos de intimidad individual y las
acciones de los poderes públicos que tienen que estar orientados a garantizar
los derechos, la salud y la igualdad de oportunidades de los ciudadanos.
En el siglo XXI, aunque ha
desaparecido la intolerancia clerical que tuvo que sufrir aquella sociedad
victoriana, aparecen nuevas amenazas a
la libertad que tratan de imponer sus ideologías para eliminar
discrepancias: el fundamentalismo
religioso, que trata de destruir la laicidad del Estado, regresando a un
nacional-catolicismo pre-democrático (la nueva ley del aborto, la “sumisión” de
la esposa), el nacionalismo excluyente
y la mentalidad autoritaria del poder
político que impide las discrepancias y las opiniones críticas por medio de
nuevas leyes cada vez más retrógradas (la última, la nueva ley de Orden
Público) que controla las decisiones judiciales (cada vez más mediatizadas por
los políticos), los derechos laborales y la destrucción manifiesta de los
Sindicatos.
Aprovechando la crisis económica
nos quieren hacer retornar al pasado. Aquellos tiempos que yo viví con la
Sección Femenina, la mujer-madre y esposa fiel, que carecía de independencia y
libertad. Aunque parece imposible retroceder, debemos estar alerta. En estos
temas y tratándose de una ideología peligrosa para las libertades, cualquier
cosa es posible.
Debemos, pues, aprender de Stuart Mill, y el camino
es la educación: como decía Bertrand Russell, “el fin principal de la educación
debe consistir en estimular a los jóvenes para que discutan e impugnen las
ideas que se daban por seguras…es necesario que surjan nuevas ideas, que los jóvenes
tengan el mayor aliciente para DISENTIR de las estupideces de la época..”. La
Política del DISENSO constituye la esencia de la democracia. Deberían tenerlo
en cuenta quienes minimizan el papel de la oposición, porque están convirtiendo
la democracia en una oligarquía que los ciudadanos libres rechazamos.
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