EL PRINCIPITO . Una nueva re-lectura de la
obra.
“El
Principito” es un intento, por parte de su autor, Antoine de Saint Exupéry, de
dar sentido a su propia vida, de buscar el camino que recorre el que se siente
desorientado y quiere recobrar su rumbo . Casi todos hemos sentido en
un momento determinado una crisis personal que nos ha hecho pararnos a pensar
cómo podemos enderezar nuestra propia vida”. (Manuel Ballester. “La búsqueda de
sí mismo).
Antoine de Saint Exupéry manifiesta su
preocupación. “Me siento triste por mi generación, que carece de toda sustancia
humana. Que no habiendo conocido otra forma espiritual que el bar, las
matemáticas y los “Bugatti”, se encuentra hoy en una acción estrictamente
gregaria, sin tonalidad alguna”.
Ya Platón, en el libro VI de su Diálogo
República, en el “Mito de la caverna”
plantea el problema de cómo conducir la propia vida. Los prisioneros
encadenados han de realizar el esfuerzo de liberarse de sus cadenas y al volver
la cabeza hacia la luz encontrarán el estímulo, que les conducirá, superando el
esfuerzo de la subida, a las puertas de su liberación.
También Nietzsche escribe “Así habló
Zaratustra”, donde señala las tres transformaciones que el hombre puede
recorrer a lo largo de su vida, cómo el hombre-camello lucha por desprenderse
de las prohibiciones y mandatos del Gran Dragón (Tú Debes, Tu Débes…..) y se
convierte en león que ha encontrado su libertad, pero el león todavía es
incapaz de crear. Para ello tiene que transformarse en niño. “Inocencia es el
niño y un nuevo decir sí, un nuevo crear…. “Precisamente a un niño le dedica Saint Exupery
su libro
INTERPRETACIÓN DEL LIBRO
Los personajes del libro son un adulto, el aviador (él mismo) y un niño, el Principito. Desde un principio se da una contraposición entre los dos modos de enfocar la vida que tiene cada uno, las cosas mismas, su utilidad y el sentido de las cosas. Todos los adultos han sido niños, pero lo han olvidado. Los niños tienen mayor entusiasmo e ilusión, los adultos están cansados y van a lo práctico.
Los personajes del libro son un adulto, el aviador (él mismo) y un niño, el Principito. Desde un principio se da una contraposición entre los dos modos de enfocar la vida que tiene cada uno, las cosas mismas, su utilidad y el sentido de las cosas. Todos los adultos han sido niños, pero lo han olvidado. Los niños tienen mayor entusiasmo e ilusión, los adultos están cansados y van a lo práctico.
Empieza el autor pidiendo perdón a los niños
por haber dedicado su libro a una persona mayor. Pero encuentra tres razones
poderosas para hacerlo: porque es su amigo, porque a pesar de ser adulto puede
comprenderlo todo, incluso a los niños, y porque pasa hambre y frio (estamos en
Francia, en la 2ª guerra mundial). Y
acaba la dedicatoria : A León Wert, cuando era niño.
“El Principito” es un libro de niños para
adultos.
Comienza en el Capitulo 1º “Cuando yo tenía
seis años…” Le hubiera gustado comenzar el libro como un cuento “Erase una
vez….pero la realidad le cambia. Cuenta lo que leyó en ”Historias vividas”
sobre el Bosque Virgen: que una boa se tragaba una fiera sin masticarla. Su
primer dibujo fue una boa que se había tragado a un elefante. Pero todos los
adultos le decían que era un sombrero y tuvo que dibujar el elefante en su
interior para que lo entendieran. “Las personas mayores nunca entienden
nada”. Le aconsejaron que se dejara de
las tonterías del dibujo y se interesara más por la geografía, la gramática y
las matemáticas, que son más útiles. Y se hizo aviador. Vivió mucho con
personas mayores, pero sólo podía hablar con ellas de bridge, de gof, de
política y de corbatas.
Sigue escribiendo: Viví sólo, sin nadie con
quien hablar verdaderamente. Un día (hace seis años) tuvo una avería en el
motor en un desierto de África, en el Sáhara, “algo se había dañado en mi motor”. Y se encuentra sólo (el desierto significa la soledad
interior, compatible con estar rodeado de personas) en una situación límite
(como nos puede suceder a cualquiera de nosotros, una crisis vital, propia
sobre todo del hombre contemporáneo).
Al levantar el día, en una situación angustiosa
y aislado de todo, se encuentra con un hombrecillo que le pide insistentemente que
le pinte un cordero. No sabe pintar más que la boa. Pero le pide un cordero. Enfadado,
termina pintando una caja en cuyo interior imagina que hay un cordero. Al
hombrecillo, que tenía un aspecto cuidado a pesar de estar en el desierto, se
le ilumina rostro, ¡Esto es lo que necesitaba
porque mi planeta es pequeño!.
El aviador está intrigado y quiere saber algo
más del Principito. Como no le deja preguntar porque acapara todas las
preguntas (la pregunta y la consiguiente búsqueda es el origen de la filosofía,
del saber), el aviador trata de averiguar a través de los indicios de sus
preguntas. ¿Qué es esa cosa?. –No es una
cosa es mi avión. Y vuela (aquí se siente orgulloso). -¿tú también te has caído del cielo?. (Se han elevado por encima de “la cosa”, se van aproximando) El
Principito suelta una carcajada que le molesta. Se ríe de la vanidad del
aviador. Dice una cosa más.-¿De qué
planeta eres?. Aquí vislumbra su origen. Como sabremos, viene de un planeta
muy pequeño.- Y se pone a mirar “mi”
cordero-. Se aproximan más: el aviador le ofrece una cuerda para que ate al
cordero, cosa que no comprende porque su
planeta es muy pequeño. El autor se refiere a la libertad, porque, -si ata al cordero, no podrá ir más que
adelante, siempre derecho-. Pero así
no se puede ir muy lejos…
El aviador había aprendido otra cosa del
Principito: que su planeta no era más grande que una casa. No era extraño
porque sabía que además de los planetas existen los asteroides. Seguramente el
planeta del Principito era el asteroide B612, que descubrió un astrónomo turco
y nadie le creyó porque iba vestido de una forma estrafalaria. Las personas mayores
son así, solo les interesan las cifras, cuánto vale un piso, no si tienen geranios
en las ventanas o hermosos ladrillos rojos. Pero los niños han de ser
indulgentes con las personas mayores. Pero -nosotros
que comprendemos la vida nos burlamos de los números-. Por eso, me hubiera
gustado haber empezado mi libro como si fuera un cuento de hadas: Había una vez un Principito que habitaba un
planeta apenas más grande que él y que tenía necesidad de un amigo….
Quisiera que este libro no lo tomaran a la
ligera, pues ya hace seis años que se fue y me entristece al recordarlo. ¡Es
tan difícil tener un amigo! Y se puede acabar convertido en alguien a quien
sólo le gustan las cifras. El Principito ha sido para él un toque, un
revulsivo. Y tiene miedo a quedarse
mayor. Porque es muy fácil regresar. Hay que hacer un esfuerzo.
Recordar al Principito. Volver al corazón.
Cada día sabía más cosas sobre el planeta. El
cordero tendría que comer. Pero al tercer día se enteró del drama de los
baobabs, que eran árboles gigantes que el cordero sería incapaz de comer.
Entonces pensó que podría comerlos cuando fuesen arbustos, porque primero
serían semillas, luego arbustos y por fin árboles gigantescos que podrían
destruir el planeta. Porque en el planeta del Principito había buenas y malas
hierbas y a éstas hay que arrancarlas cuando se las reconozca. Los baobabs eran
malas hierbas.. Es muy fácil pero aburrido. Hay que enseñarlo a los niños,
porque el bien y el mal nacen juntos en la naturaleza humana, en el interior de
cada uno. Hay que eliminar las malas semillas de la naturaleza humana y evitar
que se convierten en arbustos (en actos) y luego en árboles (en hábítos). Somos
moldeables, por eso hemos de estar atentos. Es fácil, pero aburrido.
El planeta del Principito es su mundo, el
mundo de la ilusión, de los valores del espíritu, de la libertad, que todos los
hombres intuyen pero que tienen que luchar para conseguirlo, como el aviador
Poco a poco fue comprendiendo la vida
melancólica del Principito. Le gustan las puestas de sol y le pide contemplar
una. Le dice que hay que esperar y no lo entiende, porque en su pequeño planeta basta mover un
poco la silla para ver ponerse el sol. Y cuando se está triste son agradables
las puestas de sol. ¿Por qué está triste el Principito? Porque ve la dificultad
de conseguir lo valioso. Ve la facilidad con que se olvida. Ese es el sentido
de la melancolía..
El 5º día, se enteró de más cosas. Si el cordero come flores ¿comerá también
las espinas?. Entonces ¿para qué sirven las espinas? El Principito insiste
en la pregunta pero el aviador se
enfada porque está haciendo cosas más importantes y serias como arreglar su
avión. El Principito es ahora el que se enfada “Conozco un planeta en el que hay un señor carmesí. Jamás ha respirado
una flor. Jamás ha mirado una estrella. Jamás ha amado a nadie. Jamás ha hecho
otra cosa que sumas. Y todo el día repite…..”¡soy un hombre serio!¡Soy un
hombre serio!. Y eso le hace hincharse de orgullo. Pero no es un hombre. ¡Es un
champiñón!”. ¿Cómo puede pensar que
es más importante las cuentas de un señor carmesí que la belleza de la flor que
se puede comer el cordero? Estalló en sollozos. Conmovido el aviador lo coge en
brazos, le consuela, le promete dibujar un bozal al cordero para que no se coma
la flor. Entra de nuevo en el ámbito de lo valioso, porque ¡es tan misterioso
el país de las lágrimas…!
El aviador va aprendiendo: en el planeta del
principito aparecían flores muy simples que desaparecían por la noche. Pero un
día apareció un capullo de una semilla
venida de no sé sabe donde que se convirtió en una hermosa flor. Era una flor
muy coqueta. Se disculpa porque había amanecido
y se encontraba aún despeinada. Una vez le mintió porque decía que en el mundo
de donde venía hacía menos frio, y ella que había venido en forma de semilla no
podía conocer otros mundos. Dudó de ella. Más tarde le contó al aviador que
debía de haberle juzgado por sus actos, no por sus palabras. “No supe comprenderla. Me iluminaba y me
perfumaba. Pero yo era demasiado joven para amarla.” El hombre necesita de
los demás, y la relación amorosa es de este tipo. Pero hay que aprender a amar.
Ya irá madurando. Ahora es demasiado joven.
El Principito tiene que partir y dejar su
planeta para madurar. Antes de irse, arregla su planeta, limpia los volcanes
para que ardan bien, arranca los últimos brotes de baobabs. Y cuando riega por
última vez la flor descubre que tenía ganas de llorar. Ahora es la flor la que
se disculpa. _”He sido tonta, te pido
perdón. Procura ser feliz“. La flor le dice que le quiere, pero no se han sabido
entender. Cada uno se echa la culpa a sí mismo y pide perdón. El no se dio
cuenta de lo que le ofrecía las flor (“ella me perfumaba y me iluminaba”). Este
reconocimiento mutuo es el punto de
partida para madurar. Quizá en el futuro pueda volver…
El Principito está en la región de los
asteroides para instruirse y buscar una ocupación. Va observando las distintas
formas de ser adulto: el Rey, el Vanidoso y el Bebedor, que tienen en común la
afirmación de sí mismos. Después, el Hombre de Negocios, el Farolero y el
Geógrafo, que se ocupan de otra cosa que sí mismos.
El primer planeta estaba habitado por un Rey.
Era el AUTORITARIO, un monarca absoluto que enseguida lo convierte en súbdito. Posee
el poder de imponerse y hacerse
obedecer, que puede llegar a ser tiránico. Sin embargo, su poder era una autoridad razonable porque era un Rey
bueno: como no había donde sentarse, el Principito empezó a bostezar y el Rey le
regañó. Cuando se justificó porque estaba cansado le dijo-“Te ordeno bostezar, es una orden”. Agobiado el Principito con esta
orden se la rectifíca ”Te
ordeno bostezar o no bostezar “. El Rey exigía el respeto de su autoridad,
era un monarca absoluto, pero daba órdenes razonables: le ordenaba lo que el
Principito podía darle. Le dice que se quede y cuando ve que esto no es
posible, le nombra Embajador para que pueda marcharse. De todas formas se queda
corto con la afirmación de esta relación de dominio, porque no sabe que el que
sirve es grande y el que es servido, es débil.
El segundo planeta estaba habitado por un
VANIDOSO.. Para los vanidosos los hombres son sus admiradores. Cuando vio al
Principito pensó que era un admirador y le pide que golpee una mano contra la
otra. Entonces se quita un sombrero muy raro que lleva para saludar cuando le
aplauden. Le pareció muy divertido, pero después de repetirlo varias veces lo
encuentra aburrido. Intenta dialogar con él pero sólo oye las alabanzas: soy el
más hermoso, el más rico y el más inteligente del planeta. –“Pero, le dice, si eres la única persona del
planeta….”. Esto nos indica que necesitamos de los demás para que se nos
valore, y es entonces cuando nuestros actos cobran valor. Y es lo único que nos
hace ser felices. Porque el hombre es, como decía ARISTOTELES, un ZOON
POLITICÖN, un ser sociable por naturaleza.
El Principito se fue pensando que las personas
mayores son muy extrañas.
El siguiente capítulo es muy corto porque está
habitado por un BEBEDOR, que no habla. Ante una colección de botellas, unas
vacías y otras llenas le pregunta el Principito por qué bebe. Le responde que
bebe para olvidar que tiene vergüenza de beber.
Decía Epicuro que el placer es el principio y
el fin de una vida feliz. Pero no
buscamos cualquier placer sino que huimos de aquellos placeres que a la larga nos
pueden producir dolor. Como es el caso del bebedor. En cambio no evitamos todo
dolor, porque hay algunos dolores que, soportados durante largo tiempo (por
ejemplo la abstinencia en el beber) nos
pueden producir mayor placer. La prudencia debe hacer un cálculo de los
placeres, porque de lo que se trata es de conseguir un estado de ánimo
permanentemente feliz. Nosotros, con la ayuda de los demás, podemos proyectar
nuestra propia vida. Por eso el bebedor no le puede echar la culpa a nadie de
su infelicidad. Y se siente sólo.
El cuarto planeta era el del HOMBRE DE
NEGOCIOS, que ni siquiera levantó la cabeza cuando llegó el Principito, absorto
como estaba haciendo cuentas. Calculaba cantidades sin saber de qué cosas se trataba.- ¿Quinientos millones de qué?, preguntaba,
_”Eso son tonterías y yo soy un hombre
muy serio”. Al hombre de negocios le importaba poseer, no qué cosas poseía.
Y ante la insistente pregunta –“ ¿Millones de qué?”, contestaba lo que se
le ocurría, “Millones de cositas que se
ven a veces en el cielo”, ¿moscas, abejas….? No, cositas doradas que hacen
desvariar a los holgazanes . ¡Estrellas
¡”.. Poseer las estrellas le sirve para ser rico para poder comprar otras
estrellas si alguien las encuentra. Porque cuando encuentras algo que no es de
nadie, es tuyo. Y las administro, las cuento y las recuento. NO LAS PUEDO
CORTAR PERO PUEDO DEPOSITARLAS EN UN BANCO. Le explica que eso es lo mismo que escribir la cantidad de estrellas en un
papelito y cerrar el papelito bajo llave en un cajón. Pero el papelito, en
realidad no tiene ningún valor en sí, el dinero no tiene valor sino para el
intercambio. El hombre de negocios trabaja mucho. Aquí el trabajo es un fin, no
un medio para conseguir otra cosa, por
ejemplo la felicidad. El Principito dice que el hombre de negocios no aporta
ninguna utilidad a las estrellas, a lo que posee. En cambio si poseo una flor,
una casa , es bueno para mí y para ellas, porque las cuidaré.
El quinto planeta era muy pequeño, sólo cabía
UN FAROL Y UN FAROLERO, cosa inexplicable para el Principito en un planeta sin
casas ni habitantes. Parecía un hombre ABSURDO, pero lo era menos que los
anteriores. Al menos su trabajo tenía sentido, porque se ocupaba de algo
distinto de sí mismo. Cuando encendía un farol era como si naciera una
estrella. La CONSIGNA era encender el farol por la noche y apagarlo por la
mañana. Así podía dormir. Pero como el
planeta giraba cada vez más rápido, había que encender y apagar el farol cada
minuto. Y, como había que seguir la consigna, no podía dormir. El Principito, a
quien el farolero le había caído muy bien, quiere ayudarle y le propone como
solución caminar muy lentamente para quedar siempre al sol y que el día dure
más. Pero al farolero no le sirve porque lo que le gusta es dormir.
El problema aquí está en considerar la
consigna (o la norma o la ley) como un fin y no un medio para servir a las
personas. Y se puede cambiar si cambian las circunstancias. El farolero ha sido
perezoso y no ha cambiado la consigna. A él sólo le interesaba dormir. Pero
dice KANT: La pereza y la cobardía es culpable . “La pereza y la cobardía son la causa de que una gran parte de hombres
continúe a gusto en su estado de pupilo…es tan cómodo no estar emancipado…si
puedo pagar no me hace falta pensar.”. (Kant, “Filosofía de la Historia”.
Capit. I :Qué es la Ilustración”).
El sexto planeta, diez veces más grande,
estaba habitado por un anciano geógrafo que escribía libros enormes…El
Principito, cansado del viaje, se sentó y empezó a preguntarle. Pensó que era
el único que tenía un verdadero oficio. El anciano al verlo, pensó que era un
explorador. “ Yo soy geógrafo, dice”.
Y le pregunta qué es un geógrafo. Es un sabio que conoce dónde se encuentran
los mares, los ríos, las ciudades, las montañas y los desiertos… Para ello
recibe a los exploradores, les pregunta sobre su moralidad para que sus datos
sean ciertos y no se produzcan catástrofes, y les pide pruebas de sus
descubrimientos. Se da cuenta que el Principito viene de lejos y puede ser un
explorador y proporcionarle información. Le habla de sus volcanes y de su flor
Pero el geógrafo anota sólo los volcanes porque la flor es “efímera”. Le pregunta insistentemente
que significa “efímera”. “ …que está
amenazada de extinción”. El principito siente nostalgia de su flor, que
sólo tiene cuatro espinas para defenderse. Le pide consejo al geógrafo sobre
qué visitar y le responde que el planeta Tierra.
La crítica que quiere hacer al geógrafo, como
a la ciencia, en general, es que se ocupa de lo general (aunque con las pruebas
de los exploradores) pero deja a un lado lo efímero, la vida. Mis aspiraciones,
mis deseos, mis afectos pertenecen al ámbito de lo irracional. Pero desde los griegos, saber es “saber vivir”, saber conducir la propia
vida, saber vivir una “vida buena“ “la eudaimonía”, en sentido aristotélico, lo que hace que uno se sienta más humano y
más libre, y por tanto, más feliz. (Se trata de una nueva interpretación de
la Etica aristotélica de la Felicidad).
El séptimo planeta que visitó fue la Tierra,
donde, a diferencia de los pequeños planetas, donde sólo habitaba un tipo de
personas, en la Tierra estaban multitud de personas diferentes, cientos de
reyes, miles de geógrafos, un verdadero ejército de faroleros, que ejercían su
trabajo alternativamente conjuntados, menos los faroleros de los polos que sólo
trabajaban dos veces por año y por eso disfrutaban más que los otros. Se trata
de un planeta distinto, como más real, en el que terminará la maduración del
Principito, evitando lo que hay de malo en él.
Cuando el Principito aterrizó en la tierra se
dio cuenta que no había nadie. Había caído en el desierto del Sáhara, en
Africa, y se sintió solo. Se encontró con una serpiente a la que contó su
enfado con la flor. – Con los hombres también
te sentirás sólo-. Le preguntó por qué era tan delgado como un dedo.- Pero soy
muy poderoso, si te tocara te devolvería a la tierra de la que saliste-
Esto nos hace pensar en una alusión a la serpiente del Génesis, que sabía del
bien y del mal. Tuvo piedad del Principito porque era puro y venía de una
estrella.
El Principito atravesó el desierto y no vio
más que una flor. Los hombres no tienen raíces como la flor. Ella estaba sola. Seguramente
estaba aislada por ser diferente. (El respeto se basa en la comprensión de la
diferencia. Cuando alguien no se encuentra comprendido, no se encuentra
respetado). Le preguntó a la flor por los hombres, y no había visto más que seis o siete.
Se subió a una alta montaña pensando que desde
allí vería su planeta, pero no vio más que rocas. Gritó ¡buenos días!, pero enseguida le respondieron buenos días…buenos días. ¡Sed mis amigos, estoy solo”, Estoy solo…,estoy
sólo…,estoy solo….Le pareció un planeta muy raro. En su casa la flor
hablaba siempre la primera y nadie repetía. En la Tierra no tenían imaginación.
Durante algún tiempo caminó por sitios
difíciles y descubrió una ruta, la morada de los hombres. Se encontró con un
jardín florido de rosas, Se sintió desdichado porque pensó que su rosa era la
única especie en el universo, y aquí había cinco mil. Se sentiría humillada y
vejada. Con solo una rosa y tres volcanes no soy un gran Príncipe. Y tendido
sobre la hierba, lloró. Es como en el caso de la mujer amada (o también del
hombre amado) que parece único y después se descubre que es como o todos los demás.
Entonces apareció el ZORRO, y el Principito le pide que
juegue con él porque está triste. El zorro le advierte que no puede jugar con
él porque está sin domesticar. ¿Y qué es
domesticar?. El principito insiste en las preguntas. Domesticar es “crear lazos amistosos”. Cuando dos personas crean
lazos, tienen necesidad el uno del otro. –Si quieres ser mi amigo, domestícame. Así estaré pendiente de ti-. El
Principito volvió al día siguiente y el zorro le explicó que debía haber ido a
la misma hora, así el corazón se hubiera preparado. Se establece un rito. ¿Y qué es un rito? le pregunta. Es
lo que hace que un día sea diferente de los otros días... Es la celebración de
algo hermoso, un cumpleaños. Cuando el principito se despidió,, fue a ver las rosas y
ya no sentía tristeza porque su rosa era única en el mundo: la había
domesticado, la había cuidado y eso
le hacía responsable de ella. En la despedida el zorro le dio un consejo :”lo esencial sólo se ve bien con el corazón.. Lo esencial es invisible
a los ojos”.
En los siguientes capítulos, El Principito está
madurando a través del análisis crítico de lo que ocurre en la Tierra,
descubriendo algunas características de nuestra sociedad:
El Principito le pregunta al guardagujas de la
estación por su función: clasificar a los viajeros en paquetes de
mil y enviar los trenes que los llevan a la derecha y a la izquierda. Y
pregunta- ¿no estaban contentos donde
estaban?.- Nunca están contentos donde están-. ¿Y se persiguen unos a otros? -No,
duermen o bostezan, solo los niños juegan con sus muñecas-. Se da cuenta de
que las personas no son más que una masa despersonalizada. Son todos iguales.
Esto es lo característico de nuestra sociedad ( y la de Saint Exupéry, una sociedad entre
guerras y filosofías existencialistas). El hombre se refugia en una
colectividad que le salva de su responsabilidad, “se habla, se dice, se piensa…”, Pero la masificación moderna
siempre tiene mucha prisa para llegar a ninguna parte. Y las prisas son
inútiles, piensa el Principito.
EL MERCADER es el comerciante que vende unas
píldoras para quitar la sed. Si no necesitan beber ahorran tiempo. El Principito no entiende que
se hace con ese tiempo. Si él lo tuviera iría lentamente a buscar una fuente…Se
trata de una mentalidad del capitalismo, donde el trabajo es un fin en sí no un
medio para conseguir tiempo para descansar, para amar etc.
En el octavo día de su accidente, el aviador
sigue arreglando su motor. Y tiene mucha sed pero no tienen agua. El Principito
le empieza a contar cosas de su amigo el zorro, pero el aviador le dice que lo importante
es encontrar agua porque se van a morir de sed y en el desierto no se puede
encontrar un pozo. Para el Principito lo más importante si te vas a morir es
haber tenido un amigo. Y se pone en movimiento porque considera que es
más fácil buscar un pozo en el desierto que no hacer nada. Es el contraste
entre el pragmático y el soñador, entre el hombre derrotado y el esperanzado.
Además, también él tiene sed. Y camina recordando a sus amigos, al agua, que es
buena para el corazón, las estrellas que son bellas a causa de una flor que no
se ve, al desierto que es bello porque esconde un pozo en alguna parte…El
aviador recuerda una casa en la que vivió cuando era pequeño que escondía un
tesoro que nadie descubrió…lo más importante es lo invisible, su belleza. El
Principito, agotado, se durmió y el aviador lo tomó en sus brazos… contemplando
ese tesoro y meditando sobre lo que aprendía. Así descubrió un pozo al nacer el
día.
Dijo el Principito que los hombres se agitan
apresuradamente, van de aquí para allá, pero no saben lo que buscan. El pozo al que habían llegado no era un pozo
del Sáhara, un agujero en el suelo sino el pozo de una aldea. El aviador creyó
soñar, era el sueño de un despierto. Y bebió
y comprendió lo que el Principito había buscado: una disposición de
encuentro. Así el aviador se movía gozoso en otro plano, el plano de lo
esencial. El júbilo interior le embarga: todo es dulce como una fiesta: el
agua, las estrellas, la arena del desierto. Es el espíritu festivo que descubre
la belleza, la bondad, lo esencial…se encuentra en el corazón. EL AVIADOR HA
SIDO DOMESTICADO POR EL PRINCIPITO.
Al volver de reparar el avión, vio al
Principito sentado en un muro, hablando con alguien que no distinguía, y dio
un salto al darse cuenta de que era una serpiente , que al oírlo salió
huyendo. El Principito estaba pálido y se le abrazó. Le dijo que sabía que había encontrado lo que le faltaba a su
máquina y ya podía volver a su casa. Y el Principito tendría que volver a su casa también.
Fue un momento extraordinario, no se veía lo
importante, pero se sentía. "Lo estreché
entre mis brazos como a un niño". El Principito había tenido miedo. “Esta noche hará un año. Mi estrella se
encontrará exactamente en el lugar donde caí el año pasado”. Comprendí que no soportaría la idea de no oír
más su risa. El Principito le dijo que por las noches mirara las estrellas y en
una de ellas, tan pequeñita que no la distinguiría, estaría su casa.
El Principito tenía un regalo de despedida. “La gente tiene estrellas que no son las
mismas. Para unos, que viajan, las estrellas son guías. Para otros no son más
que lucecitas. Para otros, que son sabios, son problemas. Para mi hombre de
negocios eran oro. Pero todas estas estrellas se callan: Tú tendrás estrellas
como nadie tiene….”. El Principito se levantó. Dio un paso. No hubo más que
un relámpago amarillo cerca de su tobillo. Quedó inmóvil. Cayó suavemente como
cae un árbol en la arena…
El hombre que había vendido su vida al
trabajo, el aviador, ha sido, desde un principio, el símbolo del hombre actual
que cae en un pozo porque lo que consideraba su éxito ha sido su fracaso. El
Principito le ayuda a recuperar el sentido de la vida. Ha representado la
infancia del hombre, que la ha recuperado. Pero tiene que volver, conservando
su infancia en la ilusión, la esperanza
y la alegría, recibiendo como regalo unas estrellas que lucirán en los
momentos oscuros de su vida.
“… Han
pasado ya seis años. Los amigos se alegran de volver a verlo. Pero el aviador
está triste. Ahora se ha consolado un poco… Se olvidó de agregar la correa para el cordero. ¿Se habrá
comido la flor?. Seguramente no porque el Principito que ama su flor, la habrá
colocado debajo de un globo de vidrio y vigilará bien su cordero. Con ello se
siente feliz.
Y siempre se preguntará si alguien, en algún
lugar del mundo pensará si el cordero habrá comido o no la flor. Si el
Principito habrá descuidado la flor.
En el libro tenemos un final abierto. La vida vivida
por el autor, Antoine de Saint Exupéry, lo cierra de una forma escéptica. La
lectura de sus ”CARTAS A UNA
DESCONOCIDA", escritas posteriormente, rezuman escepticismo. Estas cartas aparecen en una subasta pública
en 2007, que la editorial Gallimard publica en 2008, y el escritor Manuel Ballester
traduce al español.
En 1943, después de publicar “El Principito”,
Saint Exupéry se reincorpora a su trabajo en las Fuerzas Aéreas en el Norte de
África. Allí conoce a una muchacha de la que se enamora. Al principio se queda
prendada del escritor, del atractivo de su madurez inteligente y amable. Pero
pronto lo olvida. Las cartas expresan una melancolía que después se va convirtiendo
en sequedad y rencor, “Estoy sumergido en este tiempo vacío en el que ya no
queda nada más que soñar...”
Me
viene a la memoria una conversación transcrita por Léon Werth: «Pero, ¿por qué,
querido señor, si decís que amáis a los hombres les quitáis a Dios, consuelo supremo?
-Para que busquen otros consuelos, señora y os partan la cara».
-Para que busquen otros consuelos, señora y os partan la cara».
El Principito se ha convertido en un escéptico
y un Principito escéptico ya no es un Principito. El Principito ha muerto.
Se trata, como en Platón o en Niezsche de un
deseo de resolver nuestra vida, pero en realidad son utopías. Y no por ello hay
que descalificar el intento.
2 comentarios:
Hay un version del principito que tiene una introducción increíble y justamente comienza diciendo "Me siento triste por mi generación... Yo perdi mi libro y obviamente esa intruduccion. si tu tuvieras la instrucción completa estar muy feliz de volverla a leer.
Pido perdón por no haber respondido antes, no vi el comentario hasta ahora. Yo tampoco conozco esa versión de la que hablas, pero si he podido leer varios documentos inéditos de personalidades que conocieron a Saint Exupéry y las ediciones de su libro en "La historia completa de El Principito de Antoine de Saint-Exupéry" de Editorial salamandra, donde puedes llegar a esa conclusión. Su hermana Simone escribe: "...A pesar de la amabilidad de los americanos en su exilio de Nueva York, la ocupación de su país, , la falta de noticias sobre los suyos y todavía más, la mentalidad de muchos de sus compatriotas de allí le habian marcado terriblemente". Gracias por tu comentario y siento no con
ocer esa edición de la que hablas.
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