miércoles, 6 de noviembre de 2013

El PRINCIPITO

EL PRINCIPITO . Una nueva re-lectura de la obra.

 “El Principito” es un intento, por parte de su autor, Antoine de Saint Exupéry, de dar sentido a su propia vida, de buscar el camino que recorre el que se siente desorientado y quiere recobrar  su rumbo . Casi todos hemos sentido en un momento determinado una crisis personal que nos ha hecho pararnos a pensar cómo podemos enderezar nuestra propia vida”. (Manuel Ballester. “La búsqueda de sí mismo).
Antoine de Saint Exupéry manifiesta su preocupación. “Me siento triste por mi generación, que carece de toda sustancia humana. Que no habiendo conocido otra forma espiritual que el bar, las matemáticas y los “Bugatti”, se encuentra hoy en una acción estrictamente gregaria, sin tonalidad alguna”.   
Ya Platón, en el libro VI de su Diálogo República, en el “Mito de la caverna”  plantea el problema de cómo conducir la propia vida. Los prisioneros encadenados han de realizar el esfuerzo de liberarse de sus cadenas y al volver la cabeza hacia la luz encontrarán el estímulo, que les conducirá, superando el esfuerzo de la subida, a las puertas de su liberación.
También Nietzsche escribe “Así habló Zaratustra”, donde señala las tres transformaciones que el hombre puede recorrer a lo largo de su vida, cómo el hombre-camello lucha por desprenderse de las prohibiciones y mandatos del Gran Dragón (Tú Debes, Tu Débes…..) y se convierte en león que ha encontrado su libertad, pero el león todavía es incapaz de crear. Para ello tiene que transformarse en niño. “Inocencia es el niño y un nuevo decir sí, un nuevo crear…. “Precisamente a un niño le dedica Saint Exupery su libro
INTERPRETACIÓN DEL LIBRO
Los personajes del libro son un adulto, el aviador (él mismo) y un niño, el Principito. Desde un principio se da una contraposición entre los dos modos de enfocar la vida que tiene cada uno, las cosas mismas, su utilidad  y el sentido de las cosas. Todos los  adultos han sido niños, pero lo han olvidado.  Los niños tienen mayor entusiasmo e ilusión, los adultos están cansados y van a lo práctico.
Empieza el autor pidiendo perdón a los niños por haber dedicado su libro a una persona mayor. Pero encuentra tres razones poderosas para hacerlo: porque es su amigo, porque a pesar de ser adulto puede comprenderlo todo, incluso a los niños, y porque pasa hambre y frio (estamos en Francia, en la 2ª guerra mundial).  Y acaba la dedicatoria : A León Wert, cuando era niño.
“El Principito” es un libro de niños para adultos.
Comienza en el Capitulo 1º “Cuando yo tenía seis años…” Le hubiera gustado comenzar el libro como un cuento “Erase una vez….pero la realidad le cambia. Cuenta lo que leyó en ”Historias vividas” sobre el Bosque Virgen: que una boa se tragaba una fiera sin masticarla. Su primer dibujo fue una boa que se había tragado a un elefante. Pero todos los adultos le decían que era un sombrero y tuvo que dibujar el elefante en su interior para que lo entendieran. “Las personas mayores nunca entienden nada”.  Le aconsejaron que se dejara de las tonterías del dibujo y se interesara más por la geografía, la gramática y las matemáticas, que son más útiles. Y se hizo aviador. Vivió mucho con personas mayores, pero sólo podía hablar con ellas de bridge, de gof, de política y de corbatas.
Sigue escribiendo: Viví sólo, sin nadie con quien hablar verdaderamente. Un día (hace seis años) tuvo una avería en el motor en un desierto de África, en el Sáhara, “algo se había dañado en mi motor”. Y se encuentra sólo (el desierto significa la soledad interior, compatible con estar rodeado de personas)  en una situación límite (como nos puede suceder a cualquiera de nosotros, una crisis vital, propia sobre todo del hombre contemporáneo).        
Al levantar el día, en una situación angustiosa y aislado de todo, se encuentra con un hombrecillo que le pide insistentemente que le pinte un cordero. No sabe pintar más que la boa. Pero le pide un cordero. Enfadado, termina pintando una caja en cuyo interior imagina que hay un cordero. Al hombrecillo, que tenía un aspecto cuidado a pesar de estar en el desierto, se le ilumina rostro, ¡Esto es lo que necesitaba porque mi planeta es pequeño!.
El aviador está intrigado y quiere saber algo más del Principito. Como no le deja preguntar porque acapara todas las preguntas (la pregunta y la consiguiente búsqueda es el origen de la filosofía, del saber), el aviador trata de averiguar a través de los indicios de sus preguntas. ¿Qué es esa cosa?. –No es una cosa es mi avión. Y vuela (aquí se siente orgulloso). -¿tú también te has caído del cielo?. (Se han elevado por  encima de “la cosa”, se van aproximando) El Principito suelta una carcajada que le molesta. Se ríe de la vanidad del aviador. Dice una cosa más.-¿De qué planeta eres?. Aquí vislumbra su origen. Como sabremos, viene de un planeta muy pequeño.- Y se pone a mirar “mi” cordero-. Se aproximan más: el aviador le ofrece una cuerda para que ate al cordero, cosa que  no comprende porque su planeta es muy pequeño. El autor se refiere a la libertad, porque, -si ata al cordero, no podrá ir más que adelante, siempre derecho-. Pero así no se puede ir muy lejos…
El aviador había aprendido otra cosa del Principito: que su planeta no era más grande que una casa. No era extraño porque sabía que además de los planetas existen los asteroides. Seguramente el planeta del Principito era el asteroide B612, que descubrió un astrónomo turco y nadie le creyó porque iba vestido de una forma estrafalaria. Las personas mayores son así, solo les interesan las cifras, cuánto vale un piso, no si tienen geranios en las ventanas o hermosos ladrillos rojos. Pero los niños han de ser indulgentes con las personas mayores. Pero -nosotros que comprendemos la vida nos burlamos de los números-. Por eso, me hubiera gustado haber empezado mi libro como si fuera un cuento de hadas: Había una vez un Principito que habitaba un planeta apenas más grande que él y que tenía necesidad de un amigo….  
Quisiera que este libro no lo tomaran a la ligera, pues ya hace seis años que se fue y me entristece al recordarlo. ¡Es tan difícil tener un amigo! Y se puede acabar convertido en alguien a quien sólo le gustan las cifras. El Principito ha sido para él un toque, un revulsivo. Y tiene miedo  a quedarse mayor.  Porque es  muy fácil regresar. Hay que hacer un esfuerzo. Recordar al Principito. Volver al corazón.
Cada día sabía más cosas sobre el planeta. El cordero tendría que comer. Pero al tercer día se enteró del drama de los baobabs, que eran árboles gigantes que el cordero sería incapaz de comer. Entonces pensó que podría comerlos cuando fuesen arbustos, porque primero serían semillas, luego arbustos y por fin árboles gigantescos que podrían destruir el planeta. Porque en el planeta del Principito había buenas y malas hierbas y a éstas hay que arrancarlas cuando se las reconozca. Los baobabs eran malas hierbas.. Es muy fácil pero aburrido. Hay que enseñarlo a los niños, porque el bien y el mal nacen juntos en la naturaleza humana, en el interior de cada uno. Hay que eliminar las malas semillas de la naturaleza humana y evitar que se convierten en arbustos (en actos) y luego en árboles (en hábítos). Somos moldeables, por eso hemos de estar atentos. Es fácil, pero aburrido.
El planeta del Principito es su mundo, el mundo de la ilusión, de los valores del espíritu, de la libertad, que todos los hombres intuyen pero que tienen que luchar para conseguirlo, como el aviador  
Poco a poco fue comprendiendo la vida melancólica del Principito. Le gustan las puestas de sol y le pide contemplar una. Le dice que hay que esperar y no lo entiende,  porque en su pequeño planeta basta mover un poco la silla para ver ponerse el sol. Y cuando se está triste son agradables las puestas de sol. ¿Por qué está triste el Principito? Porque ve la dificultad de conseguir lo valioso. Ve la facilidad con que se olvida. Ese es el sentido de la melancolía..
El 5º día, se enteró de más cosas. Si el cordero come flores ¿comerá también las espinas?. Entonces ¿para qué sirven las espinas? El Principito insiste en la pregunta pero el aviador se enfada porque está haciendo cosas más importantes y serias como arreglar su avión. El Principito es ahora el que se enfada “Conozco un planeta en el que hay un señor carmesí. Jamás ha respirado una flor. Jamás ha mirado una estrella. Jamás ha amado a nadie. Jamás ha hecho otra cosa que sumas. Y todo el día repite…..”¡soy un hombre serio!¡Soy un hombre serio!. Y eso le hace hincharse de orgullo. Pero no es un hombre. ¡Es un champiñón!”.  ¿Cómo puede pensar que es más importante las cuentas de un señor carmesí que la belleza de la flor que se puede comer el cordero? Estalló en sollozos. Conmovido el aviador lo coge en brazos, le consuela, le promete dibujar un bozal al cordero para que no se coma la flor. Entra de nuevo en el ámbito de lo valioso, porque ¡es tan misterioso el país de las lágrimas…!
El aviador va aprendiendo: en el planeta del principito aparecían flores muy simples que desaparecían por la noche. Pero un día apareció un  capullo de una semilla venida de no sé sabe donde que se convirtió en una hermosa flor. Era una flor muy coqueta. Se disculpa porque  había amanecido y se encontraba aún despeinada. Una vez le mintió porque decía que en el mundo de donde venía hacía menos frio, y ella que había venido en forma de semilla no podía conocer otros mundos. Dudó de ella. Más tarde le contó al aviador que debía de haberle juzgado por sus actos, no por sus palabras. “No supe comprenderla. Me iluminaba y me perfumaba. Pero yo era demasiado joven para amarla.” El hombre necesita de los demás, y la relación amorosa es de este tipo. Pero hay que aprender a amar. Ya irá madurando. Ahora es demasiado joven.
El Principito tiene que partir y dejar su planeta para madurar. Antes de irse, arregla su planeta, limpia los volcanes para que ardan bien, arranca los últimos brotes de baobabs. Y cuando riega por última vez la flor descubre que tenía ganas de llorar. Ahora es la flor la que se disculpa. _”He sido tonta, te pido perdón. Procura ser feliz“. La flor le dice que le quiere, pero no se han sabido entender. Cada uno se echa la culpa a sí mismo y pide perdón. El no se dio cuenta de lo que le ofrecía las flor (“ella me perfumaba y me iluminaba”). Este reconocimiento mutuo es el  punto de partida para madurar. Quizá en el futuro pueda volver…
El Principito está en la región de los asteroides para instruirse y buscar una ocupación. Va observando las distintas formas de ser adulto: el Rey, el Vanidoso y el Bebedor, que tienen en común la afirmación de sí mismos. Después, el Hombre de Negocios, el Farolero y el Geógrafo, que se ocupan de otra cosa que sí mismos.
El primer planeta estaba habitado por un Rey. Era el AUTORITARIO, un monarca absoluto que enseguida lo convierte en súbdito. Posee el poder de imponerse y hacerse obedecer, que puede llegar a ser tiránico. Sin embargo, su poder era una autoridad razonable porque era un Rey bueno: como no había donde sentarse, el Principito empezó a bostezar y el Rey le regañó. Cuando se justificó porque estaba cansado le dijo-“Te ordeno bostezar, es una orden”. Agobiado el Principito con esta orden se la  rectifíca  ”Te ordeno bostezar o no bostezar “. El Rey exigía el respeto de su autoridad, era un monarca absoluto, pero daba órdenes razonables: le ordenaba lo que el Principito podía darle. Le dice que se quede y cuando ve que esto no es posible, le nombra Embajador para que pueda marcharse. De todas formas se queda corto con la afirmación de esta relación de dominio, porque no sabe que el que sirve es grande y el que es servido, es débil.
El segundo planeta estaba habitado por un VANIDOSO.. Para los vanidosos los hombres son sus admiradores. Cuando vio al Principito pensó que era un admirador y le pide que golpee una mano contra la otra. Entonces se quita un sombrero muy raro que lleva para saludar cuando le aplauden. Le pareció muy divertido, pero después de repetirlo varias veces lo encuentra aburrido. Intenta dialogar con él pero sólo oye las alabanzas: soy el más hermoso, el más rico y el más inteligente del planeta. –“Pero, le dice, si eres la única persona del planeta….”. Esto nos indica que necesitamos de los demás para que se nos valore, y es entonces cuando nuestros actos cobran valor. Y es lo único que nos hace ser felices. Porque el hombre es, como decía ARISTOTELES, un ZOON POLITICÖN, un ser sociable por naturaleza.
  El Principito se fue pensando que las personas mayores son muy extrañas.
El siguiente capítulo es muy corto porque está habitado por un BEBEDOR, que no habla. Ante una colección de botellas, unas vacías y otras llenas le pregunta el Principito por qué bebe. Le responde que bebe para olvidar que tiene vergüenza de beber.
Decía Epicuro que el placer es el principio y el fin de una vida feliz.  Pero no buscamos cualquier placer sino que huimos de aquellos placeres que a la larga nos pueden producir dolor. Como es el caso del bebedor. En cambio no evitamos todo dolor, porque hay algunos dolores que, soportados durante largo tiempo (por ejemplo la abstinencia en el beber)  nos pueden producir mayor placer. La prudencia debe hacer un cálculo de los placeres, porque de lo que se trata es de conseguir un estado de ánimo permanentemente feliz. Nosotros, con la ayuda de los demás, podemos proyectar nuestra propia vida. Por eso el bebedor no le puede echar la culpa a nadie de su infelicidad. Y se siente sólo.
El cuarto planeta era el del HOMBRE DE NEGOCIOS, que ni siquiera levantó la cabeza cuando llegó el Principito, absorto como estaba haciendo cuentas. Calculaba cantidades sin saber  de qué cosas se trataba.- ¿Quinientos millones de qué?, preguntaba, _”Eso son tonterías y yo soy un hombre muy serio”. Al hombre de negocios le importaba poseer, no qué cosas poseía.  
Y ante la insistente pregunta –“ ¿Millones de qué?”, contestaba lo que se le ocurría, “Millones de cositas que se ven a veces en el cielo”, ¿moscas, abejas….? No, cositas doradas que hacen desvariar a los holgazanes .   ¡Estrellas ¡”.. Poseer las estrellas le sirve para ser rico para poder comprar otras estrellas si alguien las encuentra. Porque cuando encuentras algo que no es de nadie, es tuyo. Y las administro, las cuento y las recuento. NO LAS PUEDO CORTAR PERO PUEDO DEPOSITARLAS EN UN BANCO. Le explica que eso es lo mismo que  escribir la cantidad de estrellas en un papelito y cerrar el papelito bajo llave en un cajón. Pero el papelito, en realidad no tiene ningún valor en sí, el dinero no tiene valor sino para el intercambio. El hombre de negocios trabaja mucho. Aquí el trabajo es un fin, no un medio  para conseguir otra cosa, por ejemplo la felicidad. El Principito dice que el hombre de negocios no aporta ninguna utilidad a las estrellas, a lo que posee. En cambio si poseo una flor, una casa , es bueno para mí y para ellas, porque las cuidaré. 
El quinto planeta era muy pequeño, sólo cabía UN FAROL Y UN FAROLERO, cosa inexplicable para el Principito en un planeta sin casas ni habitantes. Parecía un hombre ABSURDO, pero lo era menos que los anteriores. Al menos su trabajo tenía sentido, porque se ocupaba de algo distinto de sí mismo. Cuando encendía un farol era como si naciera una estrella. La CONSIGNA era encender el farol por la noche y apagarlo por la mañana. Así podía  dormir. Pero como el planeta giraba cada vez más rápido, había que encender y apagar el farol cada minuto. Y, como había que seguir la consigna, no podía dormir. El Principito, a quien el farolero le había caído muy bien, quiere ayudarle y le propone como solución caminar muy lentamente para quedar siempre al sol y que el día dure más. Pero al farolero no le sirve porque lo que le gusta es dormir. 
El problema aquí está en considerar la consigna (o la norma o la ley) como un fin y no un medio para servir a las personas. Y se puede cambiar si cambian las circunstancias. El farolero ha sido perezoso y no ha cambiado la consigna. A él sólo le interesaba dormir. Pero dice KANT: La pereza y la cobardía es culpable . “La pereza y la cobardía son la causa de que una gran parte de hombres continúe a gusto en su estado de pupilo…es tan cómodo no estar emancipado…si puedo pagar no me hace falta pensar.”. (Kant, “Filosofía de la Historia”. Capit. I :Qué es la Ilustración”).
    
El sexto planeta, diez veces más grande, estaba habitado por un anciano geógrafo que escribía libros enormes…El Principito, cansado del viaje, se sentó y empezó a preguntarle. Pensó que era el único que tenía un verdadero oficio. El anciano al verlo, pensó que era un explorador. “ Yo soy geógrafo, dice”. Y le pregunta qué es un geógrafo. Es un sabio que conoce dónde se encuentran los mares, los ríos, las ciudades, las montañas y los desiertos… Para ello recibe a los exploradores, les pregunta sobre su moralidad para que sus datos sean ciertos y no se produzcan catástrofes, y les pide pruebas de sus descubrimientos. Se da cuenta que el Principito viene de lejos y puede ser un explorador y proporcionarle información. Le habla de sus volcanes y de su flor Pero el geógrafo anota sólo los volcanes porque la flor es “efímera”. Le pregunta insistentemente que significa “efímera”. “ …que está amenazada de extinción”. El principito siente nostalgia de su flor, que sólo tiene cuatro espinas para defenderse. Le pide consejo al geógrafo sobre qué visitar y le responde que el planeta Tierra.
La crítica que quiere hacer al geógrafo, como a la ciencia, en general, es que se ocupa de lo general (aunque con las pruebas de los exploradores) pero deja a un lado lo efímero, la vida. Mis aspiraciones, mis deseos, mis afectos pertenecen al ámbito de lo irracional.  Pero desde los griegos, saber es “saber vivir”, saber conducir la propia vida, saber vivir una “vida buena“ “la eudaimonía”, en sentido aristotélico, lo que hace que uno se sienta más humano y más libre, y por tanto, más feliz. (Se trata de una nueva interpretación de la Etica aristotélica de la Felicidad).
El séptimo planeta que visitó fue la Tierra, donde, a diferencia de los pequeños planetas, donde sólo habitaba un tipo de personas, en la Tierra estaban multitud de personas diferentes, cientos de reyes, miles de geógrafos, un verdadero ejército de faroleros, que ejercían su trabajo alternativamente conjuntados, menos los faroleros de los polos que sólo trabajaban dos veces por año y por eso disfrutaban más que los otros. Se trata de un planeta distinto, como más real, en el que terminará la maduración del Principito, evitando lo que hay de malo en él.
Cuando el Principito aterrizó en la tierra se dio cuenta que no había nadie. Había caído en el desierto del Sáhara, en Africa, y se sintió solo. Se encontró con una serpiente a la que contó su enfado con la flor. – Con los hombres también te sentirás sólo-. Le preguntó por qué era tan delgado como un dedo.- Pero  soy muy poderoso, si te tocara te devolvería a la tierra de la que saliste- Esto nos hace pensar en una alusión a la serpiente del Génesis, que sabía del bien y del mal. Tuvo piedad del Principito porque era puro y venía de una estrella.
El Principito atravesó el desierto y no vio más que una flor. Los hombres no tienen raíces como la flor. Ella estaba sola. Seguramente estaba aislada por ser diferente. (El respeto se basa en la comprensión de la diferencia. Cuando alguien no se encuentra comprendido, no se encuentra respetado). Le preguntó a la flor por los hombres, y no había visto más que seis o siete.
Se subió a una alta montaña pensando que desde allí vería su planeta, pero no vio más que rocas. Gritó ¡buenos días!, pero enseguida le respondieron buenos días…buenos días. ¡Sed mis amigos, estoy solo”, Estoy solo…,estoy sólo…,estoy solo….Le pareció un planeta muy raro. En su casa la flor hablaba siempre la primera y nadie repetía. En la Tierra no tenían imaginación.
Durante algún tiempo caminó por sitios difíciles y descubrió una ruta, la morada de los hombres. Se encontró con un jardín florido de rosas, Se sintió desdichado porque pensó que su rosa era la única especie en el universo, y aquí había cinco mil. Se sentiría humillada y vejada. Con solo una rosa y tres volcanes no soy un gran Príncipe. Y tendido sobre la hierba, lloró. Es como en el caso de la mujer amada (o también del hombre amado) que parece único y después se descubre que es como  o todos los demás.
Entonces apareció el ZORRO, y   el Principito le pide que juegue con él porque está triste. El zorro le advierte que no puede jugar con él porque está sin domesticar. ¿Y qué es domesticar?. El principito insiste en las preguntas. Domesticar es “crear lazos amistosos”. Cuando dos personas crean lazos, tienen necesidad el uno del otro. –Si quieres ser mi amigo, domestícame. Así estaré pendiente de ti-. El Principito volvió al día siguiente y el zorro le explicó que debía haber ido a la misma hora, así el corazón se hubiera preparado. Se establece un rito. ¿Y qué es un rito? le pregunta. Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días... Es la celebración de algo hermoso, un cumpleaños. Cuando el principito se despidió,, fue a ver las rosas y ya no sentía tristeza porque su rosa era única en el mundo: la había domesticado, la había cuidado y eso le hacía responsable de ella. En la despedida el zorro le dio un consejo :”lo esencial sólo se ve  bien con el corazón.. Lo esencial es invisible a los ojos”.
En los siguientes capítulos, El Principito está madurando a través del análisis crítico de lo que ocurre en la Tierra, descubriendo algunas características de nuestra sociedad:
El Principito le pregunta al guardagujas de la estación  por su función: clasificar a los viajeros en paquetes de mil y enviar los trenes que los llevan a la derecha y a la izquierda. Y pregunta- ¿no estaban contentos donde estaban?.- Nunca están contentos donde están-. ¿Y se persiguen unos a otros? -No, duermen o bostezan, solo los niños juegan con sus muñecas-. Se da cuenta de que las personas no son más que una masa despersonalizada. Son todos iguales. Esto es lo característico de nuestra sociedad ( y la de Saint Exupéry,  una sociedad entre guerras y filosofías existencialistas). El hombre se refugia en una colectividad que le salva de su responsabilidad, “se habla, se dice, se piensa…”, Pero la masificación moderna siempre tiene mucha prisa para llegar a ninguna parte. Y las prisas son inútiles, piensa el Principito.
EL MERCADER es el comerciante que vende unas píldoras para quitar la sed. Si no necesitan beber  ahorran tiempo. El Principito no entiende que se hace con ese tiempo. Si él lo tuviera iría lentamente a buscar una fuente…Se trata de una mentalidad del capitalismo, donde el trabajo es un fin en sí no un medio para conseguir tiempo para descansar, para amar etc.
En el octavo día de su accidente, el aviador sigue arreglando su motor. Y tiene mucha sed pero no tienen agua. El Principito le empieza a contar cosas de su amigo el zorro, pero el aviador le dice que lo importante es encontrar agua porque se van a morir de sed y en el desierto no se puede encontrar un pozo. Para el Principito lo más importante si te vas a morir es haber tenido un amigo. Y se pone en movimiento porque considera que es más fácil buscar un pozo en el desierto que no hacer nada. Es el contraste entre el pragmático y el soñador, entre el hombre derrotado y el esperanzado. Además, también él tiene sed. Y camina recordando a sus amigos, al agua, que es buena para el corazón, las estrellas que son bellas a causa de una flor que no se ve, al desierto que es bello porque esconde un pozo en alguna parte…El aviador recuerda una casa en la que vivió cuando era pequeño que escondía un tesoro que nadie descubrió…lo más importante es lo invisible, su belleza. El Principito, agotado, se durmió y el aviador lo tomó en sus brazos… contemplando ese tesoro y meditando sobre lo que aprendía. Así descubrió un pozo al nacer el día.
Dijo el Principito que los hombres se agitan apresuradamente, van de aquí para allá, pero no saben lo que buscan.  El pozo al que habían llegado no era un pozo del Sáhara, un agujero en el suelo sino el pozo de una aldea. El aviador creyó soñar, era el sueño de un despierto. Y bebió  y comprendió lo que el Principito había buscado: una disposición de encuentro. Así el aviador se movía gozoso en otro plano, el plano de lo esencial. El júbilo interior le embarga: todo es dulce como una fiesta: el agua, las estrellas, la arena del desierto. Es el espíritu festivo que descubre la belleza, la bondad, lo esencial…se encuentra en el corazón. EL AVIADOR HA SIDO DOMESTICADO POR EL PRINCIPITO.
Al volver de reparar el avión, vio al Principito sentado en un muro, hablando con alguien que no distinguía, y dio un salto al darse cuenta de que era una serpiente , que al oírlo salió huyendo. El Principito estaba pálido y se le abrazó. Le dijo que sabía  que había encontrado lo que le faltaba a su máquina y ya podía volver a su casa. Y el Principito tendría que volver a su casa también.
Fue un momento extraordinario, no se veía lo importante, pero se sentía. "Lo estreché entre mis brazos como a un niño". El Principito había tenido miedo. “Esta noche hará un año. Mi estrella se encontrará exactamente en el lugar donde caí el año pasado”.  Comprendí que no soportaría la idea de no oír más su risa. El Principito le dijo que por las noches mirara las estrellas y en una de ellas, tan pequeñita que no la distinguiría, estaría su casa.
El Principito tenía un regalo de despedida. “La gente tiene estrellas que no son las mismas. Para unos, que viajan, las estrellas son guías. Para otros no son más que lucecitas. Para otros, que son sabios, son problemas. Para mi hombre de negocios eran oro. Pero todas estas estrellas se callan: Tú tendrás estrellas como nadie tiene….”. El Principito se levantó. Dio un paso. No hubo más que un relámpago amarillo cerca de su tobillo. Quedó inmóvil. Cayó suavemente como cae un árbol en la arena…
El hombre que había vendido su vida al trabajo, el aviador, ha sido, desde un principio, el símbolo del hombre actual que cae en un pozo porque lo que consideraba su éxito ha sido su fracaso. El Principito le ayuda a recuperar el sentido de la vida. Ha representado la infancia del hombre, que la ha recuperado. Pero tiene que volver, conservando su infancia en la ilusión, la esperanza  y la alegría, recibiendo como regalo unas estrellas que lucirán en los momentos oscuros de su vida.
“… Han pasado ya seis años. Los amigos se alegran de volver a verlo. Pero el aviador está triste. Ahora se ha consolado un poco… Se olvidó de  agregar la correa para el cordero. ¿Se habrá comido la flor?. Seguramente no porque el Principito que ama su flor, la habrá colocado debajo de un globo de vidrio y vigilará bien su cordero. Con ello se siente feliz.
Y siempre se preguntará si alguien, en algún lugar del mundo pensará si el cordero habrá comido o no la flor. Si el Principito habrá descuidado la flor.
En el libro tenemos un final abierto. La vida vivida por el autor, Antoine de Saint Exupéry, lo cierra de una forma escéptica. La lectura de  sus ”CARTAS A UNA DESCONOCIDA", escritas  posteriormente, rezuman escepticismo. Estas cartas aparecen en una subasta pública en 2007, que la editorial Gallimard publica en 2008, y el escritor Manuel Ballester traduce al español.
En 1943, después de publicar “El Principito”, Saint Exupéry se reincorpora a su trabajo en las Fuerzas Aéreas en el Norte de África. Allí conoce a una muchacha de la que se enamora. Al principio se queda prendada del escritor, del atractivo de su madurez inteligente y amable. Pero pronto lo olvida. Las cartas expresan una melancolía que después se va convirtiendo en sequedad y rencor, “Estoy sumergido en este tiempo vacío en el que ya no queda nada más que soñar...”

 Me viene a la memoria una conversación transcrita por Léon Werth: «Pero, ¿por qué, querido señor, si decís que amáis a los hombres les quitáis a Dios, consuelo supremo? 
-Para que busquen otros consuelos, señora y os partan la cara».
El Principito se ha convertido en un escéptico y un Principito escéptico ya no es un Principito. El Principito ha muerto.
Se trata, como en Platón o en Niezsche de un deseo de resolver nuestra vida, pero en realidad son utopías. Y no por ello hay que descalificar el intento.


2 comentarios:

cj.zamorano dijo...

Hay un version del principito que tiene una introducción increíble y justamente comienza diciendo "Me siento triste por mi generación... Yo perdi mi libro y obviamente esa intruduccion. si tu tuvieras la instrucción completa estar muy feliz de volverla a leer.

Unknown dijo...

Pido perdón por no haber respondido antes, no vi el comentario hasta ahora. Yo tampoco conozco esa versión de la que hablas, pero si he podido leer varios documentos inéditos de personalidades que conocieron a Saint Exupéry y las ediciones de su libro en "La historia completa de El Principito de Antoine de Saint-Exupéry" de Editorial salamandra, donde puedes llegar a esa conclusión. Su hermana Simone escribe: "...A pesar de la amabilidad de los americanos en su exilio de Nueva York, la ocupación de su país, , la falta de noticias sobre los suyos y todavía más, la mentalidad de muchos de sus compatriotas de allí le habian marcado terriblemente". Gracias por tu comentario y siento no con
ocer esa edición de la que hablas.