miércoles, 3 de agosto de 2016

VICTORIA CAMPS. “ELOGIO DE LA DUDA”. Arpa y Delfín. Mayo 2016.
En el prólogo de este último libro, Victoria Camps afirma: “Vivimos en tiempos de extremismos, antagonismos y confrontaciones…una actitud que potencian a su gusto los escenarios mediáticos y que sube de tono gracias a la facilidad con que las redes sociales brindan la ocasión de apretar el gatillo contra cualquiera cuyo comportamiento o mera presencia incomoda. Cordura, sensatez, moderación, reflexión…no son atractivos para redactar titulares”.
La filósofa cita a Bertrand Russell: “Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo, se debe a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas.”
Pero hay que distinguir entre una duda paralizante y una duda como criterio de reflexión. Victoria Camps defiende en este libro una actitud de diálogo, de buenas maneras, “la actitud dubitativa como ejercicio de reflexión, de ponderar los pros y los contras cuando las vísceras están a flor de piel”.
Los movimientos de los indignados, en principio tranquilos, han dado lugar a organizaciones políticas que no eluden los extremismos de izquierdas o de derechas en toda Europa o los populismos y demagogias.
La Filosofía, palabra que en sánscrito significa ver las cosas con claridad, “ha de ser un ejercicio de escepticismo”, según Bertrand Russell. Aprender a dudar implica distanciarse de las cosas, poner en cuestión los tópicos y prejuicios y cuestionarse lo que se nos ofrece como incuestionable. No para rechazarlo, lo que crearía confrontación, sino para examinarlo, analizarlo, razonarlo y decidir qué hacer con ello.
Esta debería ser la actitud que acompaña el uso de la libertad, porque no es libre quien se limita a sumarse a la corriente mayoritaria. La tiranía de la mayoría es uno de los peligros de la democracia y una amenaza de la libertad individual…
Pero con la duda ocurre como con la tolerancia: está bien tolerar lo que no nos gusta y nos incomodad, pero no todo es tolerable. Está bien dudar y calibrar las distintas posiciones, pero hasta cierto punto. No podemos dudar de todo ni empezar de cero cada vez. Existe un núcleo de verdades (o un conjunto de derechos conseguidos) a los cuales  no se puede renunciar.

Contra los dogmas y los prejuicios, los valores ilustrados, que son universales por ser abstractos y que para llevarlos a la práctica es necesario interpretarlos. Sólo los fundamentalismos esgrimen valores absolutos. Pero, como dijo Camus, ”la justicia absoluta, niega la libertad”. 

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