VICTORIA
CAMPS. “ELOGIO DE LA DUDA”. Arpa y
Delfín. Mayo 2016.
En el
prólogo de este último libro, Victoria Camps afirma: “Vivimos en tiempos de extremismos, antagonismos y confrontaciones…una
actitud que potencian a su gusto los escenarios mediáticos y que sube de tono
gracias a la facilidad con que las redes sociales brindan la ocasión de apretar
el gatillo contra cualquiera cuyo comportamiento o mera presencia incomoda.
Cordura, sensatez, moderación, reflexión…no son atractivos para redactar titulares”.
La filósofa
cita a Bertrand Russell: “Gran parte de
las dificultades por las que atraviesa el mundo, se debe a que los ignorantes
están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas.”
Pero hay que
distinguir entre una duda paralizante y una duda como criterio de reflexión.
Victoria Camps defiende en este libro una actitud de diálogo, de buenas
maneras, “la actitud dubitativa como
ejercicio de reflexión, de ponderar los pros y los contras cuando las vísceras
están a flor de piel”.
Los movimientos
de los indignados, en principio tranquilos, han dado lugar a organizaciones
políticas que no eluden los extremismos de izquierdas o de derechas en toda
Europa o los populismos y demagogias.
La
Filosofía, palabra que en sánscrito significa ver las cosas con claridad, “ha de ser un ejercicio de escepticismo”,
según Bertrand Russell. Aprender a dudar implica distanciarse de las cosas,
poner en cuestión los tópicos y prejuicios y cuestionarse lo que se nos ofrece
como incuestionable. No para rechazarlo, lo que crearía confrontación, sino
para examinarlo, analizarlo, razonarlo y decidir qué hacer con ello.
Esta debería
ser la actitud que acompaña el uso de la libertad, porque no es libre quien se
limita a sumarse a la corriente mayoritaria. La tiranía de la mayoría es uno de
los peligros de la democracia y una amenaza de la libertad individual…
Pero con la
duda ocurre como con la tolerancia: está bien tolerar lo que no nos gusta y nos
incomodad, pero no todo es tolerable. Está bien dudar y calibrar las distintas
posiciones, pero hasta cierto punto. No podemos dudar de todo ni empezar de
cero cada vez. Existe un núcleo de verdades (o un conjunto de derechos
conseguidos) a los cuales no se puede
renunciar.
Contra los
dogmas y los prejuicios, los valores ilustrados, que son universales por ser
abstractos y que para llevarlos a la práctica es necesario interpretarlos. Sólo
los fundamentalismos esgrimen valores absolutos. Pero, como dijo Camus, ”la justicia absoluta, niega la libertad”.
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