martes, 27 de septiembre de 2016

En la muerte de mi compañero Salvador Maciá Esquitino



En la muerte de mi compañero Salvador Maciá Esquitino
El jueves visité a Salvador en el Hospital. Era su cumpleaños y le canté el “feliz, feliz en tu dia….” Me reconoció perfectamente y lo encontré tranquilo. Como compartía Hospital con mi marido lo había visto otras veces menos centrado, más alterado por su enfermedad. Ese mismo día moría a las seis de la madrugada. Parece que se cumplió la creencia popular de “la mejoría de la muerte”. Pero Salvador fue siempre un chico muy despierto, todo lo que se nos permitía en aquellos tiempos en que fuimos compañeros de Bachillerato, un bachillerato de ¡diez años!, toda nuestra adolescencia, en el Colegio de “La Asunción de Ntra. Sra.”. Maria Dolores Bouvard, Margarita Fuster,  Salvador Maciá, Manolo Martinez, Víctor Mendiola, Marilola Peiró, Pepe Quiles, Pepe Rico, Carmen Richarte, Juan Manuel Roca (de Togores), Maria Sempere, Manolo Torres …y un largo etcétera de chicos y chicas que cantábamos con doña Maria Teresa, la profesora de Historia    
Si quieres gozar florida
Edad entre dulce suerte
Olvídate de la muerte
Y acuérdate de la vida…
…..cantábamos el Auto Sacramental “Los encantos de la culpa”,  allá por los años cuarenta, para aprender qué era un auto sacramental y cuándo y por qué se escribió. Doña Maria Teresa Vega,  era nuestra profesora de Historia en el colegio de “La Asunción”, el único centro  de segunda enseñanza  que existía en aquel momento en la ciudad, situado frente a la plaza de lo que era el mercado de Abastos, en el edificio de la casa del Duque de Béjar. Fue el punto de partida de un destino que muchos de nosotros, a pesar de las contrariedades, y muchas veces por ellas, fuimos capaces de transformar por el ejercicio de una libertad adquirida con mucho esfuerzo. No eran aquellos tiempos de libertad. Pero a nuestro modo supimos salir adelante reforzados.
Allí comenzó nuestro primer contacto con un mundo lleno de misterios, misterios que no tenían nombre hasta que se nos  desvelaban  en “el rincón de los Mapas”.  En aquellos momentos no tuvimos más aliados que la ignorancia y la timidez. Arrastrábamos la escasez, el miedo y la ignorancia del mundo, pero no teníamos consciencia de ello. Nuestro vestir y nuestro comer se revelaban en la tez ennegrecida por los residuos de la guerra, en plena  postguerra . Los zapatos sucios, como se puede observar en alguna foto de nuestro grupo del colegio, eran  expresión de la escasez y  la falta de medios, que contrastan con la abundancia y el  despilfarro del consumo actual. 
                El 10 de Junio de 1951 acabamos, el Bachillerato.
Morir vos queredes,  padre,
 San Miguel vos halla el alma,
Mandasteis las vuestras tierras a quien se vos antojara.
Diste a Don Sancho  Castilla, Castilla la bien cercada,
A Don Alfonso León, con Asturias y Sanabria,
A Don García Galicia con Portugal la preciada,
Y a mí porque soy mujer, déjasme desheredada.
Irme yo por esas tierras, como una mujer errada,
A los moros  con dineros
A los cristianos por nada
(estos dos versos son originales del romance, pero a nosotros nos lo censuraban)
De lo que ganar pudiere, haré bien por vuestra alma……
Todo un manifiesto por la igualdad en aquella época de sometimiento. Y a la vez que aprendíamos Historia, sabíamos  qué  cosa era un romance. El ambiente que vivíamos no nos permitió tener conciencia de lo que significaba todo aquello que había traído Dª Mª Teresa de Madrid.   Pero…¿cómo no sospechábamos, entonces, el sentido de estos versos?.
Ahora, después de tantos años, muchos de los compañeros de entonces han desaparecido. El último Salvador Maciá Esquitino, el Viernes, 23 de Septiembre a las seis de la madrugada. Su mujer y compañera Carmen Richarte, así como su hija Verónica, a quién tanto quería, se han quedado solas. Como todos nosotros…
Don Julián Andúgar, nuestro profesor de griego, lloró la muerte de Miguel Hernández en un poema insólito que desconocíamos entonces
Y yo, aún de pie, y tú, lleno de muerte
Rodeado de silencio, tedio y nada,
Yo que esperaba, amigo, el mes de marzo
Para oírte cantar bajo la hierba.

Y yo lloro tu muerte con la poesía de Miguel Hernández.

A las aladas almas de las rosas...
de almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero
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