martes, 29 de agosto de 2017



Comentario sobre “El ideal político de Emmanuel Mounier: La ciudad personalista y comunitaria”, de Manuel Rodriguez Maciá.

En este libro, Manuel Rodriguez hace un estudio de la sociedad utópica que Mounier defiende en su vida y en su pensamiento. Su compromiso responde a una toma de conciencia después de la primera guerra mundial y próxima la segunda y la guerra civil española. Es un "cristiano liberado" que asume la tarea de recobrar los valores perdidos en una época de desolación. Funda la revista "Esprit" que será el instrumento para este renacer. Sostiene que la utopía no debe estar separada de la vida y exige su realización. Para prepararla, en 1944 hace un intento creando una comunidad llamada Winock, una federación de familias, lugar de encuentro y de trabajo, donde se reflexiona y se trazan líneas de acción sobre los problemas de nuestro tiempo.                                                                        
En la obra “Revolución personalista y comunitaria”, Mounier trata las líneas básicas de un Estado personalista, que ha de reunir una serie de condiciones que en el libro de Manuel Rodriguez se ordenan así:
1.- Ha de ser un Estado democrático, en lucha contra la tendencia patológica de algunos estados modernos (fascismos) de engordar a costa de las naciones, e incluso de estados de economía liberal que se convierten en “cascarones vacios”, sin democracia interna.
2.- Un Estado al servicio de las personas, que no es superior a la patria, ni a la nación ni, por supuesto a las personas, sino que está al servicio de las sociedades y, a través de ellas (y contra ellas si es necesario), al servicio de las personas, defendiéndolas de individuos o grupos que amenacen su independencia material o espiritual (grupos armados, tiranía de los  trust (monopolios?), o de grupos de individuos que no se someten a las disciplinas sociales necesarias para que funcione esta sociedad.
3.- Ha de ser un Estado pluralista en el que el principio básico en el que se apoye la democracia sea la autonomía de la sociedad. En la Francia ocupada, el grupo Esprit creado por Mounier hace una “declaración de los derechos de la persona” que dice: ”La nación tiene un derecho absoluto a la independencia de su cultura, de su lengua, de su vida espiritual, pero no a la soberanía política incondicionada. Ella debe proteger, dentro de los límites de su cohesión, las comunidades regionales, étnicas lingüísticas o religiosas agrupadas en su seno”.  (¿Esto podría servirnos en la actualidad en relación a Cataluña?).                                                                                      Esta democracia personalista se parece, en opinión de Mounier a las teorías clásicas del anarquismo.
4.-Ha de tener equilibrio de poderes, donde todo el problema de la democracia política se reduzca a asegurar la fidelidad, garantizando la independencia de información que habrá que reorganizar y a la honestidad del sistema electoral mediante una representación proporcional.
5.-Un poder ejecutivo elegido por el Parlamento, que no podrá revocar más que un referéndum, que no podrá ser promovido por el Estado, como en los Estados totalitarios, sino a iniciativa del pueblo.
6. – Una economía para la persona, que parta de “la ética de las necesidades” que asegure a las personas el mínimo vital necesario, del que nadie debe carecer, vigilado por una institución. Por eso, una economía descentralizada porque “la economía capitalista es subversiva, la persona está sometida al consumo, éste a la producción y éste al servicio de la ganancia especulativa” (“Manifiesto al servicio del personalismo”).
7.-Una ciudad socialista  que no excluye la sociedad personalista y comunitaria, porque él no está contra el socialismo sino contra el colectivismo opresor, poniendo siempre el acento en la dignidad del hombre, una de las reivindicaciones del socialismo. En su obra, “El personalismo”, un año antes de morir, describe las características de esta sociedad socialista: “la abolición de la condición proletaria; la sustitución d una economía anárquica basada en el provecho por otra basada en las perspectivas totales de la persona; la socialización sin estatización de los sectores de la producción (que son las que mantienen la alienación del hombre); el desarrollo de la vida sindical; la rehabilitación del trabajo; la rehabilitación de la condición obrera sin paternalismos; el primado del trabajo sobre el capital…”.
8.-Esta ciudad ha de der universal, porque debe contribuir a la fraternidad de todos los pueblos, en contra de los nacionalismos exacerbados que dieron lugar a fascismos, fruto de la despersonalización de su época.
Para alcanzar esta utopia de un mundo pacífico será necesario un desarme general y la eliminación progresiva del servicio militar. Esprit siempre se manifestó en contra del bloque franco-alemán,  así como de Mussolini y a favor de la República española. Después se mantuvo alejado de los dos bloques, soviético y de EEUU, buscando una Europa socialista. Siempre estuvo al lado de los pueblos oprimidos y contra la supremacía de los pueblos y las razas.

En pleno siglo XXI, nuestro contexto político es totalmente distinto al de Mounier, como ya señala Manuel Rodriguez, superados ya la segunda guerra mundial y los años del franquismo  y de la transición. Nosotros creemos que, todas las culturas a lo largo de la historia (la griega, la cristiana…) han propuesto UN IDEAL, que con dos funciones civilizatorias: HACER UNA CRÍTICA DE LOS MALES DEL PRESENTE, que sólo es posible cuando se compara ese presente malo que vivimos con el ideal. Y un PROYECTO COLECTIVO que, como utopía, sabemos que nunca lo podremos alcanzar, pero nos puede servir de MOTOR para caminar por encima de la vulgaridad y mediocridad reinante. Para ello necesitamos leyes e Instituciones. Y a pesar de que "con los retos y desafíos de nuestro tiempo" hemos invertido la Ilustración (ahora son los mercados y los bancos los que quieren educar a la razón, imponiéndole su autoridad) con instituciones la razón y el Derecho podrán subsistir.  No es posible negar cualquier progreso de la ciencia ni volver a la esclavitud de la mujer. La historia puede retroceder pero la ciencia y el derecho progresan. Con ellos tenemos una brújula para orientar a la historia a un progreso hacia lo mejor.
Como piensa el filósofo Emilio Lledó, la verdad, la justicia y la belleza hay que conseguirlas paso a paso.




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