jueves, 24 de agosto de 2017

 CARTA DE FERNANDO BAÑULS A MARGARITA FUSTER

        Aunque no es fácil, después del vídeo que acabamos de ver y de los muchos homenajes recibidos (y merecidos...), me propongo centrar mi participación en el homenaje a Margarita Fuster abordando una revisión de su obra filosófica, tratando así de perfilar el retrato que estamos haciendo de la homenajeada, su biografía y aportaciones intelectuales.

            En sociología se recoge a la profesión como el estatus dominante. En el caso de los filósofos me atrevo a decir que además de identificarlo como estatus dominante, el hecho de ejercer como profesores de filosofía añade un plus en nuestras vidas; más allá de cargos y/o lugares de trabajo que uno haya podido ocupar, el tratar sobre filosofía nos constituye como somos, se inserta en nuestra naturaleza de forma tal que esa circunstancia acaba por devenir esencial. Y probablemente en Margarita Fuster, más.

            Voy a centrarme, ya lo he dicho, en revisar su obra filosófica, pero antes quiero destacar, porque me parece muy relevante (y aclararé por qué), la pertenencia de Margarita al cuerpo de catedráticos de instituto (o como se llame ahora), de reconocido prestigio dentro del mundo académico. En tiempos como los actuales donde el postureo más que una actitud frívola parece convertirse en razón de ser de vidas y carreras, se corre el peligro de relativizar todo. Si todo es aparentar, cómo diferenciar el ser del parecer. Cuando las notas se hinchan artificialmente un aprobado vale poco, un título de grado al que no siga otro de posgrado y a éste un master..., tampoco. Y eso nos puede llevar a pensar que nada vale nada, y no es verdad. Y resulta muy pertinente traerlo a colación en el caso de Margarita.

            Cuando Margarita comienza a preparar las oposiciones al cuerpo de catedráticos de instituto, compañeros suyos son Emilio Lledó, Pedro Cerezo Galán, Javier Muguerza, Carlos García Gual... esto es, primeros espadas del pensamiento español. Pero antecedentes inmediatos a su generación fueron también Gustavo Bueno (catedrático en el instituto Lucía Medrano de Salamanca desde 1949 hasta 1960), Emilio Alarcos Llorach (Catedrático de instituto en Avilés desde 1944), Rodríguez Adrados (Catedrático de Griego en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid en 1949), Antonio Domínguez (Historia, catedrático de Instituto desde 1940 en Palma, Cádiz y Granada); y antes de ellos lo habían sido Antonio Machado y Unamuno, quien siendo ya rector de Salamanca, se reunía periódicamente con los catedráticos de instituto para tratar sobre la enseñanza y los jóvenes.

            Que Margarita recoja en su currículum “catedrática de Filosofía desde 1963” no es anecdótico, refleja una realidad que tal vez hoy no se valore en la relevancia que tiene.

            Otro catedrático de instituto (de Filosofía) que no ha querido abandonar ese puesto, pese a las ofertas de patada para arriba que ha recibido, es José Antonio Marina, y no lo ha querido hacer porque en su opinión “en el instituto es donde se cuece todo”. Gustavo Bueno, a quien ya hemos citado y que ya había pasado por ahí, decía que los verdaderos profesores de filosofía eran los de instituto, no los de Universidad.  Aunque también en ese foro Margarita Fuster, como presidenta del Club Sénior en la UMH y responsable del Taller de Lectura, sigue ejerciendo como divulgadora de la filosofía.

            Esa actividad divulgativa es la razón de ser, tanto de su blog: El Rincón de Margarita Fuster, como de sus dos libros publicados: Una relectura de ‘El mundo de Sofía’ (2010), como más recientemente El gozo de pensar. Una filosofía para todos (2016). Me atrevería a decir que el tema de sus escritos, de todos sus escritos, entradas del blog, libros, escritos de prensa... es siempre el mismo: la reflexión sobre algún problema del mundo contemporáneo, que viene canalizado por las aportaciones de todos los pesos pesados de la historia de la filosofía. Cuando a uno de sus alumnos estrella Paco Sempere (tiene varios, tal vez Faustino Oncina es el de más relumbrón), luego compañero suyo en Carrús muchos años, le pregunté para la publicación en Carrusel en uno de los muchos homenajes recibidos por la hoy de nuevo homenajeada (todos merecidos...), cuando le pregunté a Paco, digo, sobre quién o quiénes eran sus filósofos predilectos (los de Margarita), me respondió: “no sé qué decirte”. Y lo entiendo, porque en sus libros salen todos, desde Tales hasta el coreano Byun-Chul-Han, y en su blog (donde habla mucho de enseñanza) son invitados frecuentes Aristóteles, Kant, Hegel, Nietzsche, Ortega...

            Pero divulgar el pensamiento de los grandes se puede hacer de muy diversas formas: para los ya iniciados en las líneas maestras de su pensamiento (como los escritos esotéricos que se conservan de Aristóteles), o para el público lector en general, los escritos exotéricos (mayoritariamente perdidos por desgracia en el caso de Aristóteles). Sin duda Margarita escribe para todos, y parte de la tramoya que utiliza para conseguir que el pensamiento de Marx, de Wittgenstein o de Simone de Beauvoir lleguen a un público lector que no necesariamente tiene formación filosófica, es el uso que hace de la narrativa, especialmente de la poesía. Una constante en toda su obra es ésta sin duda. Sus reflexiones sobre el racionalismo, empirismo, filosofía analítica, hermenéutica, dialéctica... van siempre acompañadas de citas de Calderón, Miguel Hernández, Antonio Machado, Borges, Ángel González... Con dos referencias especialmente destacadas: El mundo de Sofía (1991) de Jostein Gaardner, y El principito (1943), de Saint Exupéry.

            Una penúltima reflexión sobre su obra filosófica. El último capítulo de El gozo del pensar, aquel en el que cuenta sus vivencias con la filosofía y los filósofos, sus maestros, compañeros y coyuntura personal, el titulado “Un apéndice personal”, se inicia con la cita de un texto de Fernando Savater que a su vez recoge las palabras con las que Ernst Bloch finalizó su discurso de investidura como premio Nobel de la Paz de 1901 ¡Viva la razón práctica! Incluye además una cita de Kierkegaard: “La ética no comienza en una ignorancia que hay que convertir en saber, sino en un saber que exige su realización...” La filosofía es un saber racional, radical y crítico. No hace falta situarse en el perspectivismo orteguiano, o en la hermenéutica gadameriana, para comprender que la coyuntura sociopolítica en la que se inserta su biografía va a resultar determinante en la elección de los temas a tratar por ella; y esa coyuntura está marcada por el franquismo y la transición a la democracia. Siendo importantes, no son las aporías cognoscitivas, ontológicas o metafísicas las que centran su atención, sino la pregunta kantiana sobre qué debo hacer, la Ética, la problemática central que vertebra toda la obra filosófica de Margarita Fuster.

            Y la última, muy relacionada con la anterior. ¿Se han fijado en los nombres de sus compañeros de oposiciones a cátedra? Emilio, Pedro, Javier, Carlos... No hay ni una mujer. El feminismo es la otra constante a destacar en su obra. Un feminismo pionero, un feminismo igualitario que trata de recoger la igualdad, también intelectual, entre hombres y mujeres. Y si he dicho que Margarita reflexiona sobre problemas del mundo contemporáneo canalizándolos por medio del pensamiento de los grandes filósofos, también este caso, el feminismo, se ajusta a ese modus operandi y sirve aquí de referencia para justificarlo. Frente al patriarcado aristotélico, el que se aceptó y extendió por la escolástica cristiana medieval, que identificaba a mujeres y esclavos como seres inferiores al hombre, al varón, Margarita contrapone esta actitud precisamente con la del maestro de Aristóteles, Platón, quien en La República defiende la idoneidad de la mujer para ejercer como gobernante de la polis, puesto que sus capacidades intelectuales son iguales a las de los hombres, y sólo la educación las ha dirigido al hogar y los hijos. Más aún, en El Banquete el personaje que proporciona los conceptos filosóficos sobre los que se va a debatir cuál es la naturaleza del amor, el tema de ese diálogo platónico, es Diótima. Y qué mejor forma de acabar este homenaje a Margarita Fuster que con esa reivindicación del protagonismo de la mujer en el pensamiento.

Enhorabuena Margarita.



Fernando Bañuls
Catedrático de Filosofía
Instituto Carrús
Profesor de Sociología
Universidad de Alicante

Margarita Fuster Centro de Congresos, Elx 03/07/17

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