EL OLVIDO QUE SEREMOS. HÉCTOR ABAD FACIOLINCE. 2006
Veinte años después de que Héctor Abad, el padre del escritor, fuera tiroteado y asesinado en una calle de Medellín por paramilitares, el colombiano Héctor Abad Faciolince encuentra la forma de afrontar el hecho de hacerle un homenaje a su padre y escribe el libro “ El olvido que seremos”. Un homenaje al héroe de su vida, al padre cercano, humano, generoso, compasivo y tolerante, al médico humanista, catedrático universitario.
La primera parte narra la vida familiar, tolerante y humana: “Los padres quieren más a quienes más los quieren a ellos, o sea, a quienes más los necesitan”. Las relaciones de su padre con su abuelo (padre-hijo) habían sido muy duras, distantes desde niño (“a ver si aprendes a montar como un hombre”, le decía) porque consideraba la relación entre hombres “mariconadas”. La abuela Eva decía que “a los hijos hay que educarles con el rejo y con el diablo”. Pero la abuela se arrodillaba para ponerle las zapatillas. Como reacción a esta educación en una familia de ganaderos su padre Héctor se mostraba cariñoso con él, generos y comprensivo y decía que “para mano dura vendrá la vida”.
La segunda parte del libro se centra en el padre, médico, profesor de la Universidad donde creó la Escuela de Salud Pública, andaba por los caminos donde veía la miseria y la desnutrición de las gentes del pueblo. “Sin alimentación no es verdad que nacemos iguales”. Hace una crítica de la medicina privada frente a la social. Denuncia a los médicos- magos que pontifican sobre la enfermedad y la muerte y practican la caridad con los pobres. Pero dar agua potable y leche pasteurizada (en la Colombia de los años 80) salva más vidas que las medicinas y los medicamentos más sofisticados que sólo hacen que enriquecer a los médicos. Con esto hasta los médicos lo odiaban. Le acusaron de marxista pero él ni había leído a Marx. Entonces lo leyó y le pareció bien porque rechazaba la explotación capitalista en Economía y la liberal en política. Pero él detestaba las dictaduras, hasta la del proletariado. Era, decía cristiano a nivel familiar, marxista en lo económico y liberal en lo social.
Pero esta misma actitud fue la que lo convirtió en enemigo de los poderosos que se vengaron acribillándole a balazos . Cuando el médico cae desplomado sobre el pavimento de la calle aquel verano del 87, lleva en su bolsillo la lista de amenazados que lo incluye y, copiado a mano, el célebre poema de Borges que explica el título de Abad, cuyo comienzo es: “Ya somos el olvido que seremos...”.
Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán y que es ahora
todos los hombres, y que no veremos.
Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y el término. La caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
los ritos de la muerte, y las endechas.
No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su nombre.
Pienso, con esperanza, en aquel hombre
que no sabrá que fui sobre la tierra.
Bajo el indiferente azul del cielo
esta meditación es un consuelo.
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