miércoles, 18 de noviembre de 2015

EL DEBILITAMIENTO MORAL DE LA SOCIEDAD


En su último libro, “Ceguera moral” (Paidós. Barcelona), ZYGMUND BAUMAN reflexiona sobre el mal en la sociedad contemporánea, que se revela “en la cotidiana insensibilidad ante el sufrimiento ajeno… en lo que concebimos como normalidad y en la trivialidad y banalidad de la vida cotidiana…

            Bauman escribe sobre la “ceguera moral” a partir del concepto de “diáfora”, el acto de situar algunos de los actos de los seres humanos fuera de las valoraciones y obligaciones morales, una especie de “entumecimiento moral”.

            En nuestra vida apresurada, cuyos ritmos están dictados por “guerras de audiencias” e “ingresos de taquillas”, extenuados por la información sensacionalista o sin valor absorbidos por las últimas tendencias tecnológicas, corremos el riesgo de perder la sensibilidad ante los problemas de los demás. Y a propósito de esto se me ocurre relacionarlo con los últimos acontecimientos ocurridos en Francia

            El Viernes 13, en el cine-club Luís Buñuel  de Elche, mi casa, vimos  una película de la directora francesa Marrie-Castille Mention-Schaar “La profesora de Historia”, que describe el ambiente en una clase conflictiva y multicultural de un Instituto de las afueras (la banlieue) de París. Eran alumnos adolescentes, desarraigados, sin ningún interés por los estudios hasta el punto de convertir la clase en un campo de batalla. Es interesante la tesis que sostiene la película, la necesidad de la educación, el esfuerzo titánico de la profesora de historia por integrar a los alumnos (“Los herederos”, o podríamos llamar “la tercera generación) a través de su participación en un concurso sobre el holocausto nazi. El trabajo de investigación colectiva motiva a estos adolescentes desarraigados  hasta el extremo de hacerles asumir esa historia como propia y  responsabilizarlos de su presente. La película narra un hecho real.                                                                                                  

            Esa misma  noche ocurrió la matanza de París, que tanto nos ha horrorizado. Inmediatamente  establecí una relación. ¿Cómo se puede explicar la actuación de estos jóvenes terroristas?

            El Estado islámico intenta actualmente con los medios tecnológicos más sofisticados y con la riqueza del petróleo, invadir el mundo entero y someterlo a los designios de un Islam hecho a su medida. Movidos por el fanatismo, en lucha cruenta de unos contra otros, han hecho del crimen su consigna, que no acaba jamás.                                                                                                                                             Me ha emocionado la unidad de los franceses en la defensa de sus libertades y la condena del terrorismo, más allá de los partidismos, unidos por el himno de la Marsellesa. Frente a esto me he aburrido escuchando, como siempre, las peleas en la televisión entre gente de distinto signo político acerca de este drama. Los españoles no tenemos remedio.                                                                     

            Otra cosa es que después de esto nos planteemos lo que hemos hecho mal en el pasado para que vivamos este presente. Todavía recuerdo la foto de Bush, Blair y Aznar en las Azores, que acordaron la invasión de Irak porque poseía armas de destrucción masiva. Cosa que todavía no se ha comprobado. Esto no justifica en absoluto la actuación de estos nuevos bárbaros que intentan justificar sus crímenes contra la Humanidad y el sometimiento de las mujeres en nombre de Alá, un dios al que han convertido en criminal. Porque quien mata en nombre de Dios convierte a Dios en asesino.                                               

            Es necesario un pacto antiyihadista en defensa de nuestros valores y libertades, la unidad de todos los países democráticos para luchar contra el terrorismo. Pero, además, habría que pensar qué ocurre en la mente de estos jóvenes y adolescentes erigidos en protagonistas de esos crímenes. Son adolescentes desclasados, sin convicciones ni ideales, la tercera generación de inmigrantes europeos, franceses sobre todo, el que ha sido elegido por el estado islámico para ser el brazo ejecutor de sus crímenes. Esto les de seguridad, dinero y la posibilidad de convertirse en héroes. Contra esto hay que luchar en el sentido de la película, con el esfuerzo titánico de una educación como la que proporcionó la “Profesora de Historia”, sabiendo que es una solución a largo plazo, pero segura. Es necesario realizar este esfuerzo porque de lo otros no nos salva nadie.

 

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